martes, 18 de diciembre de 2018

Triste Navidad


Cogito ergo sum (Puerto La Cruz)-. Recorremos las calles de nuestra Venezuela y no se siente el ambiente navideño de antaño; escuchamos gaitas, pero nadie desafina sus melodías en las calles, no vemos guirnaldas decorando negocios, ni la sonrisa a flor de labio de los transeúntes.

Ya la alegría de los aguinaldos de los trabajadores, se transformó en un chiste de mal gusto. La compra de regalos un sueño, y el consumo de las hallacas una hazaña épica.

Las Navidades en tiempo de revolución han sido cada vez más tristes, más apagadas, menos ricas en alegrías y entusiasmo. Solo están rebosantes de preocupación, tristeza, y sobre todo melancolía.

Las Navidades de la actualidad son apenas una imagen borrosa de aquellos años pasados. Una mala imitación de otra historia, de otro país, y de otros venezolanos.

Me acuerdo de mis días de niño, en aquella década tumultuosa de los 90. Sí, a pesar de las explosiones sociales, de los golpes de Estado y de la “crisis económica” de esos días, los venezolanos disfrutábamos de las Navidades.

En mis días de muchacho, los aguinaldos daban para todo. Comprabas cada uno de los ingredientes para las hallacas, adquirías tu gordo y jugoso pernil, podías cumplirle a tus hijos en sus deseos a la Carta del Niño Jesús.

En esa época, todo era más feliz. ¿Qué si teníamos problemas? Seguro, pero nada comparado con el desastre que nos azota en este momento. Nada con la tristeza que devora la emoción de estas fechas.

Los venezolanos estamos viviendo las Navidades más triste de nuestra historia. Y sé, que cada año decimos lo mismo, y esto se debe a que el socialismo se ha superado a sí mismo, año tras año la crisis que han generado es más atroz y de mayor dimensión.

Hoy en día, comer un plato navideño completo, es decir, con hallaca, ensalada de gallina, pan de jamón, pernil y su respectivo dulce de lechosa, es una entelequia. Muchos no podrán hacer absolutamente nada de esto, otros apenas podrán hacer las hallacas, serán muy pocos los que se sentarán en una mesa con todos los mangares de las festividades.

El socialismo destruyó las fiestas de diciembre. Ya no son lo que solían ser. Ya no vemos las parrandas en las calles, el vecino alegre que te invitaba a comerte una hallaca en su casa. No, todo cambió y lo hizo para mal.

Y mientras esto ocurre, el régimen sigue engañando a la población a través de falsas promesas. Miles de venezolanos están aún esperando el pernil que le prometieron para Navidad, pero no para esta Navidad sino la del año pasado.

Juegan con la necesidad y con el hambre de un país. Se mofan de las esperanzas de una población. Y, al hacerlo se equivocan, de cabo a rabo. Estoy seguro que el pueblo venezolano se levantará y saldrá adelante; confío en la fuerza del pueblo y en la entereza de todos los venezolanos.

Todos los venezolanos debemos estar claros que esta triste Navidad es únicamente responsabilidad de Nicolás Maduro, él es el culpable que la lamentable situación que atravesamos. No le busquemos las cinco patas al gato, no hay excusa o guerra económica que valga.

martes, 11 de diciembre de 2018

Cuál vida


Cogito ergo sum (Puerto La Cruz)-. ¿Cuál vida estamos viviendo? La Venezuela donde crecimos ya no es la misma. Todo cambió, la destrucción pintada de rojo socialista destruyó con todo.

Ya aquella vida donde soñábamos y podíamos hacer realidad los sueños se esfumó. Lo que queda es la tierra arrasada luego de dos décadas de desastre socialista.

Los venezolanos ya no tenemos vida. El día a día de la población se pasa en preocupaciones, desvelos y sinsabores.
Comer se ha vuelto una tortura. Entre la escasez y la inflación, el llevar la comida al hogar es un suplicio que no tiene igual en todo el continente.

Vivir en Venezuela es un trauma. Desde salir a trabajar hasta morir, todo es caótico. Todo es parte de una realidad tumultuosa.

Para los venezolanos que no tienen carro acudir a la cita laboral es un camino de torturas, el pasaje cada vez más caro, el transporte público está destruido, aquellos que no tenemos auto debemos optar por montarnos en las llamadas perreras para poder cumplir con nuestras obligaciones.

¿Otro caos? La lucha contra las enfermedades, en el país no tenemos medicinas, los médicos trabajan con las uñas en los hospitales y, la verdad sea dicha, muchos de los especialistas se están yendo de la nación, como todos, ellos buscan un futuro mejor para ellos y los suyos.

Conseguir pastillas para la hipertensión, para la diabetes, y para tantos males comunes es atroz. Todos los que tenemos padres con estas dolencias, sabemos lo difícil que es atenderlos en sus necesidades.

Ni hablar de los niños. Hoy, gracias al socialismo, ver un niño nacer no es motivo de alegría, sino de dolores de cabeza. ¿Dónde se consiguen los medicamentos? ¿Dónde los pañales? ¿Cuánto cuesta un parto? Todo esto es parte de la realidad que debemos soportar en este período de nuestra nación que mientan revolución.

Hasta fallecer trae preocupaciones, ¿cuánto cuesta velar a un familiar? ¿Cuánto cuesta el ataúd? ¿Cuánto el pedazo de tierra para hacerle su sepultura? Todo es parte del caos en el cual nos sumergieron hace 20 años.

¿Cuál vida estamos viviendo los venezolanos? Lo que hacemos todos los días es sobrevivir en medio de las esperanzas de un cambio que no parece llegar jamás.

Y mientras, los ciudadanos comunes padecemos los sinsabores de la crisis socialista, en la cúspide del poder están aquellos que tienen como vivir bien a costilla de la destrucción de toda una nación.

Los venezolanos debemos rescatar nuestra vida, hacerlo a través de una lucha ciudadana que le permita a los venezolanos edificar un nuevo Estado, una nueva República y un porvenir de dignidad para cada uno de nosotros.

Podemos construir una nueva vida. Sí, de las cenizas podemos resurgir como el ave fénix y ser lo que deberíamos haber sido siempre: Un Gran País.

Venezuela tiene la mejor riqueza un pueblo trabajador, debemos rescatar esta esencia nacional, superar la sociedad de dádivas, y transformarnos en un país de trabajo y de logro. Esta es la única forma de que la nación vuelva a llenarse de vida y esperanza.








miércoles, 5 de diciembre de 2018

Lechería: Descaro y desorden


Cogito ergo sum (Puerto La Cruz)-. Quienes hemos batallado toda la vida por los principios democráticos, por la honestidad y bien común,  no podemos darnos el lujo de fallar. Sabemos que al conquistar espacios tendremos el cerco financiero y político de quienes ostentan el poder nacional, no obstante debemos seguir luchando con los mismos ideales que siempre nos han movido a la acción.

Con esta misión clara, y sumido en la preocupación más profunda, observo con tristeza como en Lechería se está gestando un sistema de gobierno local a la viva imagen de las usanzas del régimen de Nicolás Maduro.

El alcalde de la ciudad, Manuel Ferreira, acaba de ser denunciado por el presidente de la Cámara Municipal de Lechería, Frank Díaz, por pretender solicitar un crédito adicional por dos millones de bolívares soberanos con el objeto de cancelar unos insumos médicos que habían sido donados a la Clínica Municipal.

¡Semejante descaro! De acuerdo con Díaz, quien blandeó al aire pruebas, el mandatario morreño quería hacer su agosto en diciembre, supuestamente aprovechándose  de las cercanías de las elecciones municipales, y camuflajeando la solicitud en un crédito donde además iban los recursos para el pago de nóminas a los funcionarios de la Alcaldía de Lechería.

No es mi deber determinar la inocencia o no del alcalde, eso quedará en manos de los concejales y de los órganos judiciales correspondientes, no obstante como ciudadano y como luchador por la democracia en Venezuela hago un exhorto para que el alcalde no siga los pasos de aquellos a los cuales hemos combatido.

Ferreira, que llama constantemente a “cuidar la casa”, actúa como los harían los oficialistas, quienes aspiran al poder absoluto, sin contraloría de ningún tipo.

El rol más importante del político no es ser gobierno, sino oposición. ¿La razón? Porque al supervisar a los poderosos coloca límites y barreras que impiden los abusos; los demócratas lo entendemos y actuamos en consonancias, pero pareciera que Ferreira se olvidó de esto y prefiere calcar el estilo chavista.

Lechería por mucho tiempo fue el bastión de la dignidad de los demócratas, pero ahora pareciera que no lo es tanto. El alcalde no actúa como un demócrata sino que opta por ser más parecido a los totalitarios, emplea la guerra sucia y el desprestigio, porque para nadie es un secreto que los videos indebidos que salieron a la luz pública en las elecciones de alcaldes pasadas lo beneficiaron de forma abierta y evidente.

Desde estas líneas pido a los concejales demócratas de Lechería a que lleguen hasta el fondo del caso del presunto acto de corrupción, o de las violaciones de los procesos administrativos. Quienes defendemos la moral y la democracia no podemos actuar bajo la falsa premisa de la solidaridad inmediata, porque al hacerlo estaríamos comportándonos como aquellos a los que hemos criticado por los últimos 20 años.

Agrego a esta posición mi firme llamado a los vecinos de Lechería, que decidieron votar por sus futuros concejales que lo hagan pensando en su ciudad, y por sus derechos; que voten conscientes que se debe derrotar al chavismo y a las pretensiones hegemónicas de un alcalde que, sabrás Dios porque razones, no quiere que le hagan contraloría.