martes, 27 de agosto de 2013

El bien común

Cogito ergo sum-. Las doctrinas políticas, cada una desde su óptica y concepción del mundo, defienden sus planteamientos, ideales y percepciones sobre la sociedad, ante esta realidad y despojándonos del pragmatismo que en ocasiones es tan encantador y a la vez letal, esbozaré algunas líneas sobre el bien común que es un principio básico del pensamiento demócrata cristiano del mundo.

Cuando afirmamos que el individuo, el ser humano, es y debe ser el eje central de toda sociedad, cuando aseguramos, parafraseando a Jacques Maritain, que no es el hombre el que se forjó para el Estado sino por el contrario es éste que se creó para aquél, demostramos que la supremacía obstinada de los materialismos jamás podrá doblegar el ímpetu de los seres vivos.

Papa emérito, Benedicto XVI
El bien común no es sólo una frase hueca o una simple expresión para adornar con retóricas exquisitas los esmerados discursos de los elocuentes dirigentes de los diversos partidos políticos, en realidad es una visión compleja del cómo mirar la sociedad y la responsabilidad del Estado y de todos los que la integramos para inspirar el porvenir de un país.

Su Santidad Benedicto XVI escribió en su Encíclica papal Caritas in veritate que: “desear el bien común y esforzarse por él es exigencia de justicia y caridad. Trabajar por el bien común es cuidar, por un lado, y utilizar, por otro, ese conjunto de instituciones que estructuran jurídica, civil, política y culturalmente la vida social, que se configura así como pólis, como ciudad. Se ama al prójimo tanto más eficazmente, cuanto más se trabaja por un bien común que responda también a sus necesidades reales”.

Esta filosofía de vida, de acción, de compromiso social, lleva a todos aquellos hombres y mujeres que la viven, como parte de su responsabilidad común, a superarse mutuamente y a enfrentar con solidaridad y hermandad los problemas sociales que se nos presentan como aguijones que penetran el cuerpo de la sociedad nacional y continental.

El Dr. Rafael Caldera, ex presidente de Venezuela en un par de ocasiones, en su libro “Bien Común Universal y Justicia Social Internacional”  esbozó magistralmente que "… desde la más natural y estable  de todas, que es la familia, hasta la más artificiosa y fugaz, toda colectividad  tiende a un fin propio suyo, que, con pleno derecho, puede llamarse su bien  común".

Doctor Rafael Caldera, dos veces presidente de Venezuela
Continuaba Caldera, con fino intelecto acotando que  “el Estado debe garantizar a cada uno la más  amplia esfera de acción, dentro del aseguramiento del orden, de la convivencia  armónica y del acceso de todos a la generalidad de los recursos. Creo que como  gerente del bien común, el Estado debe asegurar la paz, la libertad, la salud, el  conocimiento y la ciencia, el acceso a los medios sin los cuales el hombre no  podría cumplir su fin propio”.

 Gómez Morin, dirigente del PAN-México
Por su parte Manuel Gómez Morin, dirigente del Partido Acción Nacional (PAN) en México, aseveró que "el Bien Común que engrana, conjunta y supera por la Justicia, la Libertad y el Orden, estas dos opciones que un siglo estúpido y sus continuadores perversos proclaman como opuestas irreconciliablemente; la expresión sencilla y modesta de estas afirmaciones, empieza a constituir ya una idea-fuerza, como decían los sociólogos de ayer, o una mística, como se ha dicho siempre para nombrar ese ímpetu espiritual que hace del heroísmo o de la santidad estilo de conducta individual, y empuja incontrastablemente los grandes movimientos sociales o nacionales".

Concluimos que el bien común debe ser una meta y un instrumento, tiene que ser una motivación y un objetivo; es la dicha de todos los integrantes de una sociedad, de un colectivo nacional,  el propósito que mueve este pensamiento político, el bien común, que se verá superado solamente por la caridad política.



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martes, 20 de agosto de 2013

Habilitación mental

Cogito ergo sum-.  Me parece que algunos en este país necesitan una habilitación mental, porque no están utilizando todas sus capacidades cerebrales, sin embargo esto no es peligroso, lo que sí es alarmante es que mucho de ellos tienen libre desenvoltura en los medios de comunicación e incluso en toma de decisiones importantes. ¡Dios nos cuide!

La Ley Habilitante según mi criterio no está justificada para combatir la corrupción, debido a que este flagelo no proviene de una dificultad o vacío constitucional, por el contrario si algo produce la corrupción es la inmoralidad y la carencia de formación política y pública.

El corrupto es sencillamente un inmoral, un hombre y/o mujer que no tiene límites en su egoísmo y en su individualismo, entonces esto no se detiene con uno o dos artículos en la Constitución, por el contrario se eliminará el día que cada uno de nosotros asumamos nuestro rol en la construcción de una sociedad más limpia y justa y, sobre todo, cuando el Estado dé un paso al frente y en verdad se enserie en la lucha contra esta triste realidad.

Quisiera, antes de exponer otras ideas propias citar a tres personajes de la vida pública nacional, el primero el señor Hermán Escarrá, quien aseveró que:

“En el artículo 203 de la Constitución Bolivariana de Venezuela, las leyes habilitantes están consagradas junto con las leyes orgánicas, en donde establece los mecanismos de control y el sistema que debe aprobarse para que el Jefe de Estado a través de la Ley Habilitante pueda legislar y tomar decisiones fundamentales, bien sea de nuevas leyes o de reformas parciales en el sistema jurídico que existe en contra de la corrupción”.

Por su parte el joven diputado de la alternativa democrática, Stalin González, también se expresó de la siguiente forma:

“La lucha contra la corrupción requiere de voluntad política, y ello exige el respeto a la Constitución vigente y las leyes destinadas para tal fin. El presente gobierno se caracteriza por la más absoluta opacidad en el manejo de la información pública, incluyendo una gran parte de los ingresos de la nación, que han sido colocados fuera del control parlamentario y son manejados a discreción, estando aquí una de las principales fuentes de corrupción: la falta de transparencia”.

Y el tercero al que quiero traer a colocación es al mismísimo Nicolás Maduro quien manifestó que:

“Voy a pedir, compañero presidente de la AN, una Ley Habilitante para ir a un proceso profundo y establecer las normas más rígidas y severas para combatir la corrupción y la pena más severa para castigar todos los delitos de lavado de dinero, de legitimación de capitales”.

Ahora bien, la habilitante no es, como ya dijimos, un requisito necesario para batallar en contra de la inmoralidad administrativa, lo que el Gobierno necesita, si en verdad asume esta lucha, es mano dura y rectitud en todas sus decisiones y acciones.

Lo que pareciera que es la pretensión de Nicolás y su combo es crear la sensación de que ellos levantan las banderas de la anti-corrupción y colocan en el terreno de los diputados de la oposición la decisión de aprobarle o no la habilitante, en el primer caso ellos ganan porque empezaran ciertas acciones y surgirán algunos chivo expiatorios y en el segundo de los casos serían los representantes de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) una “sociedad de cómplices” como ya lo aseveró Diosdado Cabello.

Aquel que no vea la estrategia oficial y la trampa que se cierne sobre la oposición es que se niega a verla, en un estado subconsciente, o ese sí necesita una habilitante, en este caso, mental.
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miércoles, 14 de agosto de 2013

El tiempo pasa: Venezuela queda

Cogito ergo sum-. Están pasando las horas, los días, los meses, los años y Venezuela sigue estancada en el peor gobierno que haya pasado por el Palacio de Miraflores; los problemas siguen acumulándose y ¿las soluciones? alejándose cada día más de los hogares de los venezolanos.

Son más de 14 años y durante este tiempo mucho se ha hablado de democracia participativa, del pueblo, del poder comunitario y/o vecinal, pero todo ha sido discurso, palabrería, como decimos en criollito puro "buche y pluma".

Quiero detenerme un instante en el concepto de democracia participativa que tanto esboza el Gobierno nacional, del que tanto se ufanan y vanaglorian, para hacerle a usted, apreciado elector(a), una pregunta: ¿usted participa en verdad en las decisiones reales del país?, y tú, dirigente del Psuv ¿te toman en cuenta por lo menos para elegir al candidato en tu municipio?... La respuesta de seguro será: NO.

Ellos, los poderosos y enchufados, se han caracterizado en estos años por centralizar la economía y el poder, porque mientras hablan del "protagonismos del pueblo" todos los servicios e industrias son nacionalizadas, centralizadas y arrebatadas al poder municipal, principal objeto de la participación local y comunitaria que nos queda, debido a que ellos mismos eliminaron las Juntas Parroquiales.

Es necesario y transcendental abrir un debate social, político e ideológico que permita a los venezolanos sopesar el discurso populista de los enchufados y los reales pensamientos de avanzada nacional, es el momento de evaluar, con la mano puesta en el corazón, a estos 14 años y colocarlos en la balanzas con otras épocas, que con errores también, dejaron conquistas que aún están a la vista.

Ha habido una contaminación histórica en el país, quienes han sostenido las riendas del Estado por casi tres lustros se han encargado de eliminar el pasado nacional y de reescribir nuestras raíces y orígenes. Son ellos los responsables de que hoy se piense en blanco o negro, o para ser más exacto en rojo o azul.

Los venezolanos debemos emprender una rectificación total de nuestra concepción de país, tenemos que asumir el rol que la Divina Providencia nos ofrece, de lo contrario seguiremos sumergiéndonos en el lodazal de los antagonismos desesperados y anárquicos que tanto le han costado a nuestra herida república.

Como demócrata enarbolo las banderas de la caridad política para alcanzar la justicia social mediante el bien común, alcanzando un ajuste decidido, cierto y firme de la realidad social, convergiendo a toda la nación en una orientación plural y participativa que te permita a t y, a todos salir adelante por Venezuela.

Es la solidaridad, el amor, el compromiso de caridad, verdad y justicia lo que hará grande a nuestra patria, confío en esta tierra porque soy nacionalista y siempre lucharé por Venezuela y los venezolanos.

El tiempo pasa, y como ha pasado de lento en estos últimos años, sin embargo ha sido la constancia lo que nos ha permitido seguir adelante hacia la construcción de la nación que necesitamos y merecemos; los meses se suceden uno detrás del otro y lo que pareciera que desconocen los inquilinos del poder es que ellos tienen los días contados en ese enchufe ya sulfatado.


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lunes, 12 de agosto de 2013

Deber social, cristiano y moral

Cogito ergo sum-. En estos últimos 14 años se ha cacareado mucho sobre el papel del pueblo, del poder de éste en las decisiones nacionales y su protagonismo en el quehacer cotidiano, nacional y transcendental, aunque del dicho al hecho vemos que hay un gran trecho porque el oficialismo sólo predica y no hace.

Quienes vivimos bajo la doctrina de una reivindicación social, quienes creemos que la justicia se alcanzará en la medida que el amor venza las sombras del desdén y la indiferencia, quienes enarbolamos las banderas de la caridad política como un modo de vivir en sociedad, rechazamos el mensaje sin obras, la palabra sin acción.

Amar al prójimo es demostrarlo con acciones concretas; la lucha por la verdad es sinceramente el camino para alcanzar la justicia social y el convivir en armonía, no existirá jamás real convergencia si no somos solidarios, más humanos y decididos practicantes de lo que profesamos, de lo contrario seremos fariseos sociales o políticos.

La lucha por la verdad es la inspiración de la caridad como modelo de acción pública, y aquí me detengo brevemente para rogarles que no confundan este término con limosna porque distan mucho debido a que éste es una acción aislada, aunque piadosa es poco transcendental, mientras que la caridad se eleva a niveles de amor colectivo sin medidas humanas sino divinas.

Lo social no está divorciado de lo cristiano, ya desde su Santidad León XIII, con su Rerum Novarum, hasta la actualidad, la doctrina social de la iglesia nos indica que el buen cristiano debe no sólo ser solidario y defensor verbal de los necesitados, sino que tiene que actuar en el campo político para alcanzar bajo un criterio de cristiandad activa los cambios vitales en los Estados para incentivar la caridad como mecanismos para edificar la civilización del amor que no es otra cosa que la estructuración de una sociedad de hermanos, con justicia y libertad, acompañamiento de prójimo y decidido progreso en armonía con la moral cristiana.

Es decir, el cristiano debe asumir su rol en la sociedad, el creyente debe creer decididamente que Dios es amor y él debe retribuir con ese mismo amor las bondades que el Señor ha creado, y que demostración más sincera de enamoramiento que estar en constante acción por el bienestar de los más necesitados, de estar luchando por la justicia y por el progreso bien entendido, que mayor demostración de amor que obrar día a día en medio del apostolado político del servicio permanente.

Sí, el debate y la lucha social es cada día más importante, debemos acortar las brechas sociales, aunque debemos estar muy alertas en que nuestras acciones no perjudiquen más de lo que la beneficien, la solidaridad no significa nivelar todos hacia abajo, como es la finalidad comunista, sino hacia arriba permitiéndole a todos los ciudadanos los mismos derechos y condiciones de progreso y desarrollo.

Lo social está históricamente relacionado con lo cristiano, y ambos poseen una connotación moral. Quienes amamos a Dios y al prójimo lo hacemos por deber cristiano, por compromiso moral y por amor a aquellos que las condiciones de injusticia y desproporcionalidad social los han llevado a vivir la peor parte de los ajustes socio-políticos.

¡Recordemos, siempre y constantemente, que como hombres debemos mirar con misericordia y amor a nuestros hermanos!

Hoy, en la modernidad globalizante y deshumanizante, en ocasiones no vemos a los demás, a nuestros prójimos, con amor o compasión sino que marginamos, golpeamos y humillamos, estas son las obras que debemos cambiar para alcanzar el objetivo de una sociedad de hermanos.


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