lunes, 29 de junio de 2020

¿El peor momento?


José Dionisio Solórzano

Cogito ergo sum-. Perdí la cuenta de las veces que he escuchado eso de que "Maduro está en su peor momento", son incontables las veces que he leído aquello de que "al régimen le queda poco", y no pude seguir sumando las ocasiones que vi por televisión a eruditos políticos hablando de la fragilidad del Gobierno, ¿hasta cuándo tanta improvisación?.

Pensar que el modelo está en su peor momento es caer en una actitud cándida, en una posición inocente y una insensatez sin parangón. Nicolás Maduro se encuentra reacomodándose y reforzando sus políticas luego de sobrevivir al 2019 y pasar los embates del inicio del 2020.

Sí, es cierto que en el tema internacional Maduro aún se encuentra en aprietos, aunque ha logrado torear la tormenta gracias al apoyo directo o indirecto de Rusia, China e Irán, no obstante aún tiene el escollo de la actitud de la Casa Blanca y  más de 50 naciones que no lo reconocen como Jefe del Estado de Venezuela.

La capacidad de respuesta y maniobra de quienes poseen el poder debe asombrar a propios y extraños. Han podido sobrevivir a las sanciones internacionales,  una aguda escasez de víveres,  la crisis de la gasolina y pare usted de contar; todo esto debería llamar a la reflexión a quienes conducen a la oposición para que reevalúen sus estrategias.

Bien, analicemos detalles como por el ejemplo que Juan Guaidó se juramentó presidente de Venezuela el 23 de Enero del 2019, y allí empezó un calvario para el régimen. No obstante, ellos lograron salir ilesos de los sucesos en la frontera con Colombia, de la escaramuza del 30 de Abril del 2019 y a un largo año que se fue sin que la oposición concretara nada de lo anunciado por su dirigencia.

Creer que ahora el modelo imperante en Venezuela está en su "peor momento" es una soberana ingenuidad, es una especie de esperanza de tísico o una bocanada de aliento para el moribundo. Maduro acaba de sobrevivir a un año y medio de conflictividad, y fue recuperando, lenta y efectivamente, el terreno que perdió al inicio del año pasado.

Ahora bien, a través de las más diversas tácticas Miraflores consiguió arrebatarle oficialmente la presidencia de la Asamblea Nacional (AN) a Juan Guaidó; nombró un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) y mediante movimientos judiciales está desplazando a la dirigencia nacional de los partidos políticos, dejando en ellos a una nueva casta dirigencial ajena a Julio Borges, Henry Ramos Allup, Manuel Rosales y Leopoldo López.

Cuando vemos todo este escenario ¿será que podemos decir que Maduro está en su peor momento? Obviamente que no. Y esto es esencial tenerlo en claro, porque el reconocimiento de las fortalezas y debilidades del oponente son datos fundamentales para la planificación, organización y ejecución de nuevos métodos de acción política por parte de los factores democráticos.

Quien sí se ha debilitado enormemente es la imagen pública de Juan Guaidó, quien quedó sin discurso, sin narrativa política y con mucha debilidad operativa en la Opinión Pública, a tal punto que su gestión solo sigue viva gracias al apoyo que desde Washington le siguen brindando a su figura, sin embargo este es tema para otro artículo.

¡Para mí el guarapo dulce, el café amargo y el chocolate espeso!







lunes, 22 de junio de 2020

Cambio de estrategia


José Dionisio Solórzno

Cogito ergo sum-. La oposición venezolana debe cesar en declarar, tuitear y postear tantas cosas por las Redes Sociales y establecer una única y unitaria estrategia política.

Es hora que la oposición se pare frente al país y determine una estrategia de lucha; hace un año y cinco meses atrás Juan Guaidó trazó una línea estratégica con tres pasos: Cese de la Usurpación, Gobierno de Transición y Elecciones Libres, al cabo de este tiempo los resultados no han sido plenamente satisfactorios.

Por encima de los avances en política internacional, gracias al reconocimiento de la jefatura política de Guaidó por cerca de 60 países en el mundo, a lo interno la conclusión no fueron las más alentadoras para la base opositora al gobierno.

Es decir, a pesar de los esfuerzos emprendidos el 23 de Enero del 2019, Nicolás Maduro sigue sentado en la silla de Miraflores, y la posición nacional del llamado gobierno de transición está más débil que nunca. Empero, la realidad obliga a un reimpulso de la política de los factores democráticos, en otras palabras, urge una nueva estrategia.

Sí, las estrategias no pueden ser camisas de fuerza o dogmas de fe, las estrategias son cambiables, adaptables y mejorables al paso del tiempo y los cambios en los escenarios políticos. Esto indica que seguir aferrándose al esquema de Cese de la Usurpación, Gobierno de Transición y Elecciones Libres, no solo es inviable sino que es una niñería política.

La necesidad de cambiar la visión de lucha política es imperativa; el camino trazado por Juan Guaidó se agotó. Y, ¿por qué lo digo? Primero: Nunca se logró el cese de la usurpación, ni por canales institucionales (Asamblea Nacional), ni por presión social (Calle), ni por medidas foráneas (intervención y/o sanciones) y menos a través del apoyo de los cuarteles.

Salvo el sainete del 30 de abril del 2019, que sirvió para mudar de alojamiento a Leopoldo López, no sucedió nada más.

Segundo: El gobierno de transición se nombró, se "instaló", pero jamás gobernó puertas adentro del país. Todas las medidas y acciones tomadas por Maduro fueron y son acatadas por la ciudadanía, lo que de una u otra manera certifica el poder de éste. Jamás hubo un desconocimiento social a la jefatura de Maduro, y éste siguió ejerciendo el poder.

Tercero: Las Elecciones Libres tal cual las vendieron, es decir sin Maduro en el uso del Gobierno y con un CNE sin vestigio del oficialismo actual, tampoco se materializó. 

Sí se van a realizarse unos comicios y sin Tibisay Lucena, que de por sí es un avance, pero no es el panorama paradisíaco vendido por Guaidó.

Todo esto nos demuestra que seguir andando por la vía del "Gobierno de Transición" es una necedad sin parangón. Por ende, se le tiene que hablar al país con seriedad y responsabilidad.

Frente a lo sucedido con Acción Democrática y Primero Justicia, el sector de la oposición tradicional debe enarbolar un delineamiento de acción y no quedarse en la arena del radicalismo sin horizonte y el voceo insensato de consignas vacías.

Sí la oposición, tal y como la conocemos, quiere sobrevivir a la vorágine actual debe renovarse, reimpulsarse y trazar una nueva estrategia, o de lo contrario le pasará lo del dinosaurio.

¡Para mí el guarapo dulce, el café amargo y el chocolate espeso!


martes, 16 de junio de 2020

Rafael Simón Jiménez


Por José Dionisio Solórzano

Cogito ergo sum-. Tal vez, en esta ocasión, sea criticado y echado al lodazal de la calumnia, sin embargo serviré como algo así como el abogado del diablo. En las siguientes líneas quisiera hacerme referencia al nombramiento del nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) y, puntualmente a la figura del nuevo rector Rafael Simón Jiménez.

Quisiera empezar por aclarar que no conozco en persona al integrante del Directorio del órgano electoral, así como tampoco conocí a Luis Emilio Rondón (hijo) o a Vicente Díaz, antiguos ocupantes de una silla en el Poder Electoral venezolano. Sin embargo, la percepción que tengo de Rafael Simón Jiménez es positiva.

Como figura pública ha mantenido una posición firme y consecuente. Mi primera memoria sobre él viene de los tiempos de los inicios de Hugo Chávez y su, en mala hora, primera elección presidencial.
En aquellos días Rafael Simón Jiménez, paisano del entonces presidente, formaba parte de aquel equipo que había irrumpido en la vida nacional haciéndose con el poder.

No obstante, no tardó el ahora rector en abrirse y marcar posición ética con relación  a las actuaciones de Chávez. Se distanció de ese modelo y constituyó su propio partido político: ¡Vamos! Desde donde empezó a exteriorizar con más fuerza su oposición al Gobierno nacional.

Posteriormente, el Partido Vamos se disuelve y se pliega a Un Nuevo Tiempo (UNT). Por mucho tiempo, puedo recordar ahora, al señor Rafael Simón Jiménez ofreciendo declaraciones o aceptando invitaciones en programas de Tv y Radio donde exponía con claridad su desacuerdo con el régimen imperante en Venezuela.

Con elocuencia, gracias a su conocimiento personal de Chávez, no gracias a la arena política sino por sus vinculaciones de coterráneos barinés, y por su notorio dominio de la historia, el nuevo rector siempre tuvo una frase idónea o una idea clara para categorizar y criticar al Gobierno.

Rafael Simón Jiménez, en su oportunidad, aceptó el reto de competir por la Gobernación de Barinas, roncándole en la cueva a la dinastía de los Chávez Frías en ese enclave entre los llanos y el occidente de Venezuela.

Ahora bien, si en el pasado participé, en mi calidad de elector, con un CNE con la presencia de Vicente Díaz, que es meritorio reconocerle su papel de defensor de la legalidad y el debido proceso; si en el pasado voté con un Luis Emilio Rondón que muy poco sabía de él y que sus posiciones fueron bien timoratas en comparación con las de Díaz. Entonces, porque no darle un voto de confianza a Rafael Simón Jiménez como vicepresidente del CNE.

La vida me ha enseñado a pensar muy bien antes de hablar, o en este caso antes de escribir. Y después de meditarlo mucho, después de sopesarlo detenidamente, sería injusto que juzgase de inmediato al nuevo rector. Como venezolano pongo mis esperanzas en su firmeza, en su ética y su compromiso con Venezuela. Espero que no nos defraude.

¡Para mí el guarapo dulce, el café amargo y el chocolate espeso!





miércoles, 10 de junio de 2020

Juego trancado


Por José Dionisio Solórzano

Cogito ergo sum-. En Venezuela el juego está trancado, y la "cochina" quedó por fuera. Sí señores, el juego político venezolano está cada vez más enredado para tirios y troyanos, para los de una acera y la otra.

En el caso de Juan Guaidó no le queda más camino que cambiar por completo la estrategia que venía ejecutando. Aquel mantra del "cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres" está caduco y no surtió el efecto deseado.

La oposición venezolana debe comprender que este camino, hasta ahora recorrido, llegó a un callejón sin salida. Es hora que asimilen que otros caminos son más deseables y realizables como por ejemplo enfocar esfuerzos en acudir a las elecciones parlamentarias próximas, reagrupar a la oposición y enfilar la estrategia hacia la concreción de un Referendo Revocatorio contra Nicolás Maduro.

Pensar que se logrará el cese de la usurpación en las actuales condiciones políticas  en el país, más que una imposibilidad es una locura desmedida.

Ahora bien, Nicolás Maduro tampoco puede cantar victoria. Si bien es cierto que la crisis de salud, debido a la pandemia le permitió sentarse mejor en la silla y desarticular las acciones que llevaban adelante desde la oposición, tampoco es menos cierto que la crisis de combustible, la cual no ha terminado, y la falta de liquidez, es una espada de Damócles que pende sobre la cabeza de su gestión.
 
Maduro, a pesar que supo aprovechar las circunstancias producto del Coronavirus no las tiene todas consigo. El clima social debido a la escasez de gasolina es una bomba a punto de hacer explosión, y hasta el clima conspira en su contra, la prolongación de verano puede traer que en los venideros meses de siembra pasen y que las cosechas se pierdan, lo que es sinónimo de hambre.

Es cierto, Nicolás Maduro está sentado en la silla de Miraflores a pesar que Guaidó se juramentó como presidente de Venezuela el 5 de enero del 2019. Es cierto, Maduro sigue al frente del Estado,  a pesar que cerca de 60 países no lo reconocen como tal; empero, su sostén en el poder no está sembrado en una tierra fértil, por el contrario está sobre terreno pantanoso e inestable.

Y, en la otra esquina dentro de la oposición siguen jugando su propio juego. Entre muchos factores que pululan en este sector solo vale la pena hacer mención a aquel que está en posesión de la Asamblea Nacional, es decir a la Junta Directiva que encabeza el diputado Luis Parra.

En ningún cálculo político que se haga en este momento puede dejar por fuera a este grupo que logró tumbarle el control oficial del Parlamento a Juan Guaidó.

Parra debe jugar bien las piezas que le quedan para sobrevivir a la actual vorágine y mantenerse como un punto medio entre los flancos más conflictivos de la vida pública nacional.

Y por último, está el "Chavismo originario" que posee altibajos en su presencia mediática, aunque es incuestionable que siguen operando para acceder a un cambio en el actual esquema político venezolano.

Sin duda, el juego está trancado, veremos para ver quién tiene la "cochina".

¡Para mí el guarapo dulce, el café amargo y el chocolate espeso!


jueves, 4 de junio de 2020

Sin comparación


Por José Dionisio Solórzano

Cogito ergo sum-. Es entendible que las actuales medidas emanadas del Palacio de Miraflores, en torno al tema de la gasolina,  sean asemejadas a las dictadas por el gobierno del expresidente Carlos Andrés Pérez, y es inevitable hacer comparaciones sobre la reacción de los venezolanos.

Sin embargo, es imposible tratar de calcar las dos circunstancias políticas, debido a que son dos tiempos distintos, con dos realidades totalmente opuestas y con dos presidentes con discursos, actitudes y ambientes completamente dispares.

Cuando el entonces presidente Pérez decretó el aumento del combustible a unos cuantos céntimos más, tal hecho sirvió para que la olla de presión social venezolana explotara ocurriendo así el llamado "Caracazo". No obstante, ¿fue el aumento de la gasolina la verdadera razón o hubo otros elementos?

Carlos Andrés Pérez regresaba al poder con una gran popularidad y sobre todo con la gran expectativas de millones de venezolanos que le votaron, pensando que iba a regresar los tiempos de la Venezuela Saudita de los años 70. Sin embargo, llegaba a la presidencia con otras ideas y con muchísimos detractores políticos y sociales.

El expresidente Pérez, tal vez movido por el revanchismo personal o por la necesidad imperiosa de hablarle claro al país, inició su período presidencial diciéndoles a los venezolanos que habían vivido una ilusión de prosperidad bajo el gobierno de su compañero de partido.

Aquello fue un duro golpe emocional para los venezolanos, Dr. Jaime Lusinchi hasta ese momento gozaba de un 60% de aprobación, para los ciudadanos de entonces su gobierno había sido "bueno", y en un abrir y cerrar de ojos aquello se derrumbó.

Si un copeyano hubiera criticado a un adeco no hubiera pasado nada, si un adeco atacaba a un copeyano no pasaba nada. Pero, que un adeco hablara así de otro adeco, algo de verdad tenía que tener. Esto, aunque usted no lo crea, movió el sentimiento nacional. Y, aunado a ello, Pérez se alejaba del pensamiento que lo acompañó en su primer período y empezaba aplicar medidas neoliberales.

El "Caracazo" no fue producto simplemente del incremento de la gasolina, pensarlo es irse a lo pequeño, a la justificación minúscula. El "Caracazo" fue la reacción popular a la decepción de un pueblo de vivir engañados durante 5 años, fue la respuesta airada de una población que se vio frustrada en sus expectativas con relación al nuevo gobierno.

La explosión social no fue causada, por si sola, por las medidas neoliberales sino porque el pueblo no las esperaba, no las quería y tampoco se las explicaron. Aquellos sucesos, además, se materializaron y su extendieron porque el brazo político de la izquierda estaba allí, organizando y auspiciando todo.
Ahora bien, la reciente medida adoptada por Nicolás Maduro no tiene el mismo efecto psicológico que lo vivido hace más de 30 años atrás.

En este momento nadie tenía expectativas contrarias al aumento de la gasolina, por el contrario muchos la esperaban e incluso otros la prefieren antes que adquirirla en el mercado negro en 2 ó 3 dólares por litro.

Pérez tuvo que soportar la organización de la izquierda en los barrios, Nicolás Maduro controla, ya sea por afinidad o por miedo, las barriadas caraqueñas. Pérez tuvo a una oposición política clara, Maduro tiene al frente a una oposición dividida y sin estrategia. Pérez se enfrentó a su partido, Maduro cuenta con la cohesión de su gente.

¡He aquí las diferencias!

¡Para mí el guarapo dulce, el café amargo y el chocolate espeso!