miércoles, 20 de junio de 2018

La Venezuela cerquita


Opinión-. Venezuela se encuentra en un punto medio. Estamos en epicentro histórico, en la bifurcación de nuestro devenir como nación.

Si miramos atrás, vemos que lo que fuimos alguna vez. Y es que no hace mucho tiempo los venezolanos tenían un envidiable poder adquisitivo, los venezolanos viajábamos adentro y fuera del país. Hacer una parrillada o un sancocho era cosa baladí, sencilla y hasta normal en cada núcleo familiar.

Hasta las cervecitas eran pasables, incluso para aquellas señores que detestaban que sus esposos le llegarán tarde a casa, y más oliendo a perfume de dudosas profesionales de la noche.

Si nos podemos a pensar, estamos cerquita de aquellos días cuando comer pabellón criollo era normal en cada mesa y en cada hogar de venezolanos. Donde por cualquier pretexto se hacía una fiesta y cualquier motivo era suficiente para que un compadre llamaba al otro para celebrar cualquier acontecimiento.

Y fue, relativamente, hace poco cuando los venezolanos sólo peleábamos por política en el marco de la campaña electoral y después de conocer los resultados unos bebían para festejar y otros para pasar el guayabo, pero  lo cierto es que todos los encontrábamos con un abrazo después de los comicios.

Parece como si fuera ayer cuando la más fuerte rivalidad ni siquiera era la de los adecos y copeyanos, sino la de los magallaneros y los caraquistas. Y, esta también, solo se extendía en la duración de la temporada de pelota.

Sí, parece como si fuera ayer. Y es que estamos cerquita de todo lo vivido cuando éramos felices y, tal vez, no supimos valorar lo que teníamos en ese momento.
Igualmente, estamos cerca de transformarnos en una sociedad de zombis y en un museo andante como se convirtió la isla de Cuba.

Así como los cubanos viven  en una eterna fotografía de los años 50, de esa misma forma viviremos nosotros. Aunque ya hemos padecido por este, en las calles aún existen vehículos de los 70 y 80, y muchos modelos de las viviendas están estancados en unas cuantas décadas atrás.

Sin embargo, si seguimos por el camino que vamos, Venezuela será un país de adioses eternos, de recuerdos y de añoranzas de tiempos mejores.

No habrá comida, ni producida aquí ni traída de otras latitudes. No tendremos carros nuevos, sino que viviremos reparando, con retazos, las viejas carcachas que aún rodarán por vías envejecidas.

La medicina será la del siglo XIX o tal vez de más atrás. Los médicos le darán paso a chamanes y brujos, y los fármacos a brebajes ancestrales. De esto, si no nos ponemos las pilas, también estaremos cada día más cerca.

Estamos cerquita del ayer y del futuro. Estamos a tan solo un paso de convertirnos en un despojo de lo que pudimos haber sido, o a un paso de ser lo que siempre debimos ser como nación y como sociedad.

La decisión la tenemos cerquita, esa Venezuela mejor está en nuestras manos y delante de nuestros ojos,  ¿arrugaremos?




martes, 19 de junio de 2018

¡Ay vale!


Cogito ergo sum (Puerto La Cruz)-.  Las sociedades cambian. Sí,  la humanidad puede evolucionar e involucionar de acuerdo con el cristal con el cual se mire.

Actualmente, ciertos valores que llevaron a la humanidad a desarrollarse, mantenerse y crecer se están desvaneciendo al paso agigantado de las nuevas ideas sociales que pululan y se abren paso a lo largo de las diversas sociedades.

Desde la izquierda, sobre todo la de mayor inspiración marxista, se ha impulsado la fábrica de nuevas creencias y antivalores, con el objeto de crear nuevos escenarios y justificaciones argumentales con relación a su discurso de enfrentamiento social.

Ya las viejas masas obreras que, supuestamente Marx, iban a encabezar la revolución e iban a ser la vanguardia de los cambios mundiales, no le sirven a sus propósitos y mecanismos de dominación política, porque actualmente jamás la comunidad trabajadora vivió mejor que ahora (salvo en Venezuela), debido a esto se han centrado en enfocarse en una nueva construcción de sociedad.

Ya la izquierda no quiere el paraíso obrero, aquel donde el dinero desaparecería y la jerarquía del poder daría paso a una sociedad de iguales, en el utópico modelo comunista, ahora esta fisonomía del pensamiento quiere un edén de minorías dominantes.

Es decir, ahora la izquierda es fomentadora de la homosexualidad, el feminismo mal entendido y la ideología de género. Para los socialistas la sociedad ideal es aquella donde los hombres se enamoren de los hombres, donde las mujeres se sientan superiores a los hombres y donde los menos dominen a los más.

Según esta concepción ideológica, se defienden este tipo de puntos: 1-. Las mujeres son dueñas de su cuerpo, por lo tanto el aborto debe ser aprobado y auspiciado; 2-. Todos los derechos deben ser para todas las personas, por lo tanto las parejas homosexuales pueden casarse y adoptar niños sin ningún tipo de restricciones; 3-. Cada quien puede decidir el género sexual de su preferencia, pues nadie nace hombre o mujer; 4-. La religión debe extirparse de las sociedades modernas, y Dios debe ser reemplazado por completo por la “libertad” del hombre.

De acuerdo a esta visión de la humanidad la moral es condenada, la tradición asesinada y las buenas costumbres abolidas por decreto.

Y lo más grave de la situación es que los efectos de este discurso envolvente y febril ya están tomando cuerpo en las sociedades actuales. Ahora es muy común ver como en las calles los homosexuales se burlan de los heterosexuales.

Hoy en día, decir que crees en Dios, ser católico o protestante, es sinónimo de retrógrado. Defender la vida del ser humano desde el momento mismo de su concepción es un delito para la comunidad feminista pro-aborto. Levantar las banderas de los derechos de los niños, y evitar la adopción homosexual es visto como una agresión en contra de la minoría, la misma que quiere dominar sobre la mayoría de la sociedad.

Estamos llegando a un punto, sobre todo en Europa, en que los blancos sienten pena de ser tales, que los heterosexuales están escondiendo sus sentimientos verdaderos, y que las opiniones religiosas son acalladas.

En este momento, quien se persigna lo hace con la velocidad del rayo para no ser descubierto por la orgía atea que lo rodea; porque dar demostración de fervor religioso es condenado.

¿Hacia dónde va la humanidad? Si las cosas siguen este ritmo, más temprano que tarde veremos a jovenzuelos decir “ay vale, a este como si le gustan las mujeres”.

martes, 5 de junio de 2018

Trump, OEA y otros fantasmas

Cogito ergo sum (Puerto La Cruz)-.  Donald Trump sí está empeñado en verle el hueso a Nicolás Maduro y así lo están demostrando sus acciones y actuaciones dentro y fuera de la Organización de Estados Americanos (OEA).

El presidente de los Estados Unidos es uno de los fantasmas que aterra a Maduro; las posibilidades de cualquier iniciativa del mandatario del norte hacen trinar los dientes del inquilino del Palacio de Miraflores.

Trump no es Barack Obama, el republicano no es un actor silente de la vida latinoamericana, no permitirá que el espacio cedido por los Estados Unidos en la administración del demócrata siga siendo ocupado por Rusia o por China.

El fin de la era de los gobiernos de izquierda en el continente pareciera una de las metas que persigue el Jefe de Estado de EEUU, su política de acción contra Maduro y Daniel Ortega así lo evidencia.

El afán de Donald Trump y de muchos países dentro de la OEA es doblegar al régimen de Maduro, y evitar que se conforme un cinturón socialista entre Brasil, Venezuela y Colombia, ante la posibilidad del retorno de Lula Da Silva y la tentativa de victoria electoral de Gustavo Petro en la república neogranadina.

Para el modelo político venezolano la expulsión del país de la OEA es otro de los fantasmas, porque la realidad mundial actual no es para nada idéntica a lo que sucedía en el mundo cuando Cuba fue echada de esta plataforma continental en la década de los 60.

Si los cubanos tenían a la extinta Unión Soviética para defenderse, Maduro cuenta con una China desesperada por cobrar todo lo que le deben y una Rusia que apoya cuando se acuerda y le conviene hacerlo. Lo cual indica, que ser botado de la OEA no es tan lucrativo como lo fue en plena Guerra Fría hace más de 50 años atrás.

Salir de la Organización de Estados Americanos, y ser sancionados por la Organización de Naciones Unidas (ONU), dejaría a Venezuela aislada por completo del resto del mundo. ¿A quién le venderíamos petróleo? ¿Quién nos vendería alimentos?

Rusia es productor de crudo igual que nosotros, los Chinos son acreedores de nuestras materias primas, los hindú no están muy interesados en nuestro petróleo, ¿se nos acaba el mundo? ¿Se agotan las expectativas para el gobierno?

Nicolás Maduro está viendo y viviendo las consecuencias de los espectros de las sanciones que cotidianamente salen de todos los rincones del mundo para acorralar su gestión y condenar su estilo de gobierno.

Los inquilinos de Miraflores saltan o se encaraman. Ya los Estados Unidos empezaron con el arresto de los sobrinos de la pareja presidencial, continuaron con la congelación de bienes y activos de personeros del régimen y siguen con sus iniciativas políticas y económicas en el norte y Europa.

Hasta cuándo podrán sostenerse en Caracas, y todo esto en medio de una crisis económica y social que presiona cada vez más a miles de venezolanos, que asfixia a millones de ciudadanos que están entre la emigración y la explotación social.

Y es que, un desenlace social a la crisis nacional es otro de los fantasmas que asusta a Maduro, es otro de los males que atormenta a un presidente que para muchos no cumplió con su rol y para muchos más ejerce el poder de forma ilegal e ilegítima.

Entre miedos y fantasmas transcurre el gobierno actual. ¿Qué pasará al final de la historia? ¿Qué acontecerá? ¿Qué vendrá después de que Trump logre suspender a Venezuela de la OEA?


La historia se va contando capítulo por capítulo. Esto aún no ha terminado.