martes, 18 de abril de 2017

Sifrineo político

Cogito ergo sum (Puerto La Cruz)-.  En los últimos tiempos, la política venezolana se ha desvestido de intelectualismos, doctrinas, visiones gerenciales y preocupaciones sociales, para vestirse de pantallarismo locuaz.

Vemos como, por ejemplo en Anzoátegui, el show, más artístico que político, está ocupando el escenario del quehacer público.

Ya no tenemos políticos curtidos en el debate político y en la arena social, sino que aparecen advenedizos e histriónicos personajes que lucen más estrella de cine que luchadores sociales.

Estamos viviendo algo así como la era de los “adonismo político”. En vez de dirigentes lo que andan lanzándose a los cargos de elección popular son como especie de arlequines con comportamiento de porcelana.

Por algo, el señor Presidente de la República llamó a su alcalde de Guanta el “Ricky Martín de la Revolución”, y no es para menos, el remoquete colocado por el mandatario nacional no le viene mal.

Desde hace mucho tiempo el señor alcalde de Guanta aparenta ser un revolucionario de oficina y un socialista de estómago lleno; condición que lo coloca en un punto distante si lo cotejamos con la prédica política e ideológica que dicen profesar los militantes del Partido Socialista Unido de Venezuela.

No obstante, Marín no es el único que esboza este “sifrineo político” como su dogma doctrinario, sino que su par en la Alcaldía de Barcelona, Guillermo Martínez, igualmente hace lo propio.

Me dicen que el mandatario barcelonés  no le gusta andar por las comunidades populares, supuestamente para no ensuciarse los zapatos.

Esta actitud de “sifrinerismo político” es una práctica que se abre espacio no solamente en los predios del oficialismo, sería injusto atribuirle este mal solo a los enchufados, sino que en el campo opositor también existen los “políticos asifrinados”.

A pesar que Voluntad Popular, el partido de Leopoldo López, se ha distinguido por su carácter combativo en la oposición al Gobierno nacional, en sus filas aparece un sifrino de nuevo cuño, y de recién militancia.
Este es el caso del abogado Manuel Ferreira, que no tiene tanto cariz de político, ni física y muchos menos en formación política, social y muchos menos de orden ideológico.

Y ustedes dirán: “mejor que no se parezca a los políticos”, y les recuerdo que esto fue lo mismo que miles de venezolanos pensaron al momento de votar por Chávez, y vean lo que pasó.

Tenemos que tener mucho cuidado con esta tendencia del sifrinerismo político, porque generalmente viene acompañado por una alta dosis de egocentrismo, vanidad y vedetismo que terminan transformándose en un mal mayor en el ejercicio del poder político.

Soy, y siempre seré, un defensor de la formación y madurez política e ideológica para el ejercicio de la función pública. La capacidad gerencial y profesional tiene que estar acompañada por una visión política, y de pensamiento, plenamente diáfana para que la conducción de un país, región o municipio sea adecuada.

¡Así lo creo!


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