martes, 24 de mayo de 2016

Guerra de colas

Cogito ergo sum (Puerto La Cruz)-.  Las kilométricas colas para acceder a productos regulados se han convertido en los escenarios de la “guerra económica”, no desde el punto de vista propagandístico del régimen, sino como espacios donde los venezolanos se debaten por obtener un kilo de harina precocida o de pasta.

Mujeres empujándose, insultándose, y hasta llegando a la agresión física, hombres intimidándose los unos contra los otros, sacándose cuchillos de los bolsillos y hasta armas del cinto, son parte de la cotidianidad de las colas.

Caos... 
Muchedumbres corriendo de un abasto a otro, niños llorando, disparos al aire, gritos y vulgaridades son parte de una receta que día a día observamos en todos los rincones del país.

La “Guerra de las colas” es producto de las prácticas equivocadas de un socialismo que fracasó, fracasa y fracasará en todo el mundo, son las equivocaciones de un dogmatismo nacido del error teórico y de unos sueños febriles.

Mientras en Miraflores siguen empeñados en un discurso doctrinariamente caduco, en las calles de Venezuela presenciamos las consecuencias de las decisiones ideológicas de un régimen que está sacrificando a su gente.

Sí, en Venezuela estamos viendo como un grupo de señores que ostenta el poder están sacrificando a millones de personas tan solo por el afán de conservar el poder en sus manos.

Allá, en la cúspide del poder, no se siente y no se ven los hechos de violencia que se viven en medio de la “Guerra de las colas”, ellos no presencian los intentos de saqueos o los locales destruidos por la furia ciudadana de un pueblo con hambre.

Ellos no observan la impotencia de ciudadanos al quedarse sin nada mientras que militares, policías y demás funcionarios se llevan de los locales paquetes repletos de comida.

Una cotidianidad en Venezuela
Los ánimos en la calle se caldean, los venezolanos están pasando hambre, los ciudadanos se están desesperando al no poder calmar las ganas de comer de sus hijos. Esto es una caldera a punto de explotar, pero pareciera que en Miraflores están buscando justamente eso que el país estalle.

Socialmente Venezuela es un polvorín, cualquier chispa puede encender la llama de la convulsión popular y frente a esto el señor Nicolás Maduro se encuentra recorriendo toda la pradera con un fosforo encendido en las manos.

La Guerra de las colas es tan solo el inicio de lo que pudiera convertirse en una catástrofe social de pronóstico reservado. Estamos frente al abismo y el régimen está empeñado en dar el paso hacia adelante que nos llevará al colapso definitivo.

El cambio, a través del referendo revocatorio, la renuncia, o las manifestaciones de calles pacíficas y populares, es necesario para darle un viraje definitivo a la vida nacional, emprender el camino de la reconstrucción venezolana y la redemocratización de nuestras instituciones.

Pero, ¿cómo hacer que cesen las batallas sociales en los abastos de asiáticos, y en el resto de los expendios de alimentos? Sencillo cambiando el modelo económico, sacando a Maduro de la Presidencia de la República y reiniciando la senda de la libertad nacional.


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