martes, 22 de septiembre de 2015

Las caídas del socialismo II

La semana pasada abordamos la caída del Muro de Berlín en el marco de nuestra primera entrega de la serie de artículos titulados “Las caídas del socialismo”, en esta ocasión hablaremos del Movimiento Solidaridad y el fin del comunismo en Polonia.

Quiere el destino que escribamos con relación al fin de los socialistas polacos justo cuando estamos viendo en Cuba escenas muy parecidas a las vividas en el Este de Europa.

La imagen del San Juan Pablo II realizando una misa multitudinaria en Varsovia, fue el inicio del fin de los comunistas en aquella nación.

Las palabras de Su Santidad, en aquella ocasión, tocando temas como los derechos de los pueblos oprimidos  y la derrota del miedo, son muy similares a las actuales aseveraciones que el Papa Francisco está esbozando en las tierras socialistas de Cuba.

De la nada, como parte de las expresiones populares, nació un líder sindical en aquella Polonia de la década de los 80. Lesch Walesa fue el hombre que levantó las banderas de la justicia y la libertad contra la opresión de los comunistas polacos y sus jefes soviéticos.

En la masa obrera que estaba dominada por el Partido Obrero Unificado de Polonia fue brotando sentimientos de libertad, superación y justicia ante los atropellos de los jerarcas de un Gobierno que día con día sumergía  a aquella nación en el más profundos de los caos políticos y económicos.

La escasez, la miseria, el hambre generalizada eran las condiciones de vidas normales de millones de trabajadores polacos que eran rebajados a una condición sub-humana.

En los idus de agosto de 1980 en los astilleros de Gdańsk, Lech Wałęsa junto a otros obreros fundaron un sindicato clandestino, al que denominaron: Solidaridad.

Aquella iniciativa, además de temeraria, simbolizó el  despertar de toda una nación. Aquel movimiento independiente de los comunistas demandaba principalmente la constitución de sindicatos autónomos del partido y del gobierno socialista.

La lucha fue ardua, con persecuciones, arrestos y demás tropelías que cometieron los comunistas polacos, pero al final Solidaridad se convirtió en el primer sindicato independiente en un país del Bloque Soviético.

La inspiración de los polacos fue un ejemplo que rápidamente se extendió por todo el mundo soviético, las banderas de un movimiento social anticomunista y no violento, fue la demostración que otro camino sí era posible.

Lech Walesa, un pequeño obrero electricista, fue el abanderado de un amanecer para su país como para todo un continente. De los astilleros emergió un grito que se multiplicó hasta alcanzar a más de 10 millones de polacos que se unieron al sindicato anticomunista.

La presión social del pueblo obrero en la calle, los encendidos discursos de Walessa y la intervención santa de Juan Pablo II mellaron el corroído y decadente poder de los comunistas en aquella república que volvió a convertirse en una democracia verdadera.

Los trabajadores en las calles lucharon contra el hambre creada por los comunistas. Lucharon contra la miseria construida por los socialistas. Las masas de polacos emprendieron su liberación y la lograron porque ni siquiera el imperio soviético con sus tanques y agresividad pudo detener la avalancha de cambio.


Parte II.

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