miércoles, 8 de mayo de 2013

Encíclica vigente


Cogito ergo sum-. “Dado en Roma, junto a San Pedro, el día 15 de mayo del año 1961, tercero de nuestro pontificado” con esta frase culmina una de las encíclicas papales más transcendentales que he leído en mi vida, en ella Juan XXIII con lucidez plasmó la realidad social del mundo en aquellos tiempos y, como debía, recordó a sus antecesores León XIII con su Rerum Novarum y a Pío XI con su Quadragesimo Anno, pero lo que causa más asombro al ojear hoy sus páginas es la actualidad de sus afirmaciones y lo acertado de sus precisiones socio-económicas. 

El recordado Sumo Pontífice, también llamado por la feligresía católica como el “Papa Bueno”, fue un extraordinario analista, más allá de sus virtudes espirituales que eran grandes y bien conocidas y reconocidas, su capacidad de reflexión en el ámbito social no fue menos influyente, ante ello quisiese, con el permiso de mis lectores, transcribir a continuación los puntos 57 y 58 de su encíclica Mater et Magistra (Madre y Maestra) para luego esbozar algunos comentarios que juzgo necesarios por el panorama que vive nuestra amada Venezuela en este momento.

57. La experiencia diaria, prueba, en efecto, que cuando falta la actividad de la iniciativa particular, surge la tiranía política. No sólo esto. Se produce, además, un estancamiento general en determinados campos de la economía, echándose de menos, en consecuencia, muchos bienes de consumo y múltiples servicios que se refieren no sólo a las necesidades materiales, sino también, y principalmente, a las exigencias del espíritu; bienes y servicios cuya obtención ejercita y estimula de modo extraordinario la capacidad creadora del individuo.
58. Pero cuando en la economía falta totalmente, o es defectuosa, la debida intervención del Estado, los pueblos caen inmediatamente en desórdenes irreparables y surgen al punto los abusos del débil por parte del fuerte moralmente despreocupado. Raza está de hombres que, por desgracia, arraiga en todas las tierras y en todos los tiempos, como la cizaña entre el trigo.

Ahora bien con relación al primer punto es interesante resaltar que en nuestra nación justamente la carencia de motivación al sector privado, el acoso a la empresa particular y la política de intimidación a los inversionistas han traído consigo “un estancamiento general en determinados campos de la economía, echándose de menos, en consecuencia, muchos bienes de consumo y múltiples servicios” entiéndase en Venezuela la escasez de harina precocida, papel higiénico, café, y muchos rubro más. ¿Toda la crisis de abastecimiento nacional no es consecuencia del debilitamiento del aparataje productivo venezolano a consecuencia de una visión sectaria, caduca e ineficiente que se ha instaurado, para mal, en nuestro país?.

Pero el Santo Padre tuvo el tino de advertir también en la década de los 60 el mal del neoliberalismo, aquel que azotó con látigo hambreador a las poblaciones Latinoamericanas; esta frase de “cuando en la economía falta totalmente, o es defectuosa, la debida intervención del Estado, los pueblos caen inmediatamente en desórdenes irreparables y surgen al punto los abusos del débil por parte del fuerte” es el más claro aviso de que aquello del “dejar hacer, dejar pasar” es una de las atrocidades más grandes que han engrendado los economistas liberales.
Venezuela no puede seguir con la política oficial, neomarxista, de la aniquilación del sector particular, porque eso traería consigo la eliminación de las bases sólidas de una sana economía, y daría a luz una enorme crisis social que golpearía especialmente a los venezolanos más necesitados, pero a la vez debemos desde ya exorcizar los “demonios” del neoliberalismo que buscan minimizar, hasta conseguir su paralización total, al Estado como ente regulador de la economía.

¡Ni tan calvo, ni con dos pelucas!, la salida socio-económica a esta realidad es la visión humana de la productividad nacional; el incentivo al particular, basándonos siempre en el bien común como norte fundamental del crecimiento de la sociedad, debe ser el compromiso solidario, cristiano y nacionalista que debemos asumir y defender.





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