lunes, 17 de agosto de 2020

Lo del césar

Por José Dionisio Solórzano 


Cogito ergo sum-. Como buen católico sé diferenciar entre lo que es de Dios y lo que es del César; es decir, sé darle a cada quien lo que se merece y lo que es suyo por derecho. Es por ello, que en las siguientes líneas quisiera hacer un reconocimiento a la labor del General Víctor Catamo, quien desde su puesto en la Guardia Nacional ha demostrado capacidad, orden y firmeza en la tomas de decisiones.

Quien ocupa uno de los puestos más importantes en el mundo castrense en Anzoátegui le ha tocado ejercer el mando en condiciones muy difíciles y en circunstancias peliagudas.

La escasez de gasolina, siendo éste uno de los temas más neurálgicos, ha generado hechos y episodios delicados que el General ha sabido manejar con tino y prontitud, sosteniendo el orden a pesar de los lógicos sentimientos de frustración de una colectividad cada vez más hastiada y molesta por la crisis integral que se palpa en todos los rincones de la sociedad.

Es evidente que las estaciones de servicios que controlan la Guardia Nacional lucen mucho más ordenadas que aquellas organizadas por otros entes de seguridad del Estado, y este rigor y celo en el desempeño de sus funciones es clara evidencia de un adecuado, estricto y bien ejecutado mando.

El General Víctor Catamo ha demostrado con determinación que sabe afrontar, con medidas a tiempo, las situaciones más complejas. Y no es poca cosas hacer referencia a los hechos acaecidos en el estado, donde con brotes esporádicos se ha palpado un espíritu de altivez social cada día más acentuado.

Sobre lo acontecido en Aragua de Barcelona donde un capitán de la Guardia Nacional disparó contra un civil, se ha sabido la posición legalista, humana e institucional del mencionado General quien repudió el suceso y giró instrucciones a su mando a nunca más caer en flaquezas como aquella con saldo tan trágico.

«Al César lo que es del César», así dijo nuestro señor Jesucristo, por ende, es menester reconocerle al General Catamo su posición y entrega al mantenimiento de las leyes y de la paz en Anzoátegui; este proceder lo hace meritorio del aplausos de propios y extraños y del reconocimiento certero de una población que tal vez sin conocerle, le debe en este momento parte de la estabilidad en medio de la ardua, complicada y tenaz crisis que padecemos todos los anzoatiguenses, como el resto de los venezolanos.

Como dice el refrán: «al pan pan, y al vino vino»… La conducta intachable de Catamo es un ejemplo no solo para aquellos que comparten con él las obligaciones inherentes al uso del uniforme militar, sino a gran parte de la civilidad que en posiciones de gerencia pública pueden, y están pasando, por las mismas dificultades vividas por el General objeto de nuestro artículo.

La Guardia Nacional, otrora tan respetada y admirada por los venezolanos, cayó en lo que pudiéramos llamar en comunicaciones como en una "crisis de reputación" o "mala prensa", tal vez justificada o no. Sin embargo, es honrado y justo de nuestra parte elevar las cosas que ponderamos positivas como ha sido la gestión del General Catamo.

Así se hace General, felicitaciones.

¡Para mí el guarapo dulce, el café amargo y el chocolate espeso!

 

miércoles, 12 de agosto de 2020

Fuerza Uribe

 Por José Dionisio Solórzano

Cogito ergo sum-. Desde Puerto la Cruz, al oriente de Venezuela, a muchísimos kilómetros de distancia de la frontera con Colombia, quiero enviarle un mensaje de apoyo, solidaridad y empatía al expresidente Álvaro Uribe Vélez, quien es hoy objeto del más terrible acoso político por parte de la izquierda neogranadina.

Uribe es un símbolo de la decencia política, un paladín de la resistencia Latinoamericana en contra del socialismo, un hombre que se las ha jugado en contra del extremismo y el terrorismo, y justamente por ello las fuerzas de izquierda pretenden pasarle factura.

Los socialistas colombianos han tenido en la mira a Álvaro Uribe Vélez, porque nunca le han perdonado, ni le perdonará, el hecho que haya sido precisamente él quien sirvió de dique de contención para evitar que la avalancha de destrucción del socialismo llegase a Colombia.

Personajes nefastos como Piedad Córdoba, Gustavo Petro y tantos otros, han construido una cofradía, al amparo del apoyo, influencia y financiamiento de Caracas, con el claro propósito de quitar del medio a Uribe.

Las fuerzas de las izquierdas al verse derrotadas militarmente durante el período de Uribe y al verse superadas electoralmente en más de una ocasión, han optan por el exterminio moral del expresidente; es por ello que emplean la Corte Suprema de Justicia de Colombia como una pistola apuntando a la sien del político más importante de las tierras colombianas.

Todo esto porque Álvaro Uribe Vélez fue un estorbo, siendo presidente de Colombia, cuando el contubernio de Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales, "Lula" Da Silva, Néstor Kirchner, y otros, hacían lo que les daba la gana con Sudamérica; porque el expresidente Uribe fue un estorbo cuando haciéndole oposición a su sucesor, Juan Manuel Santos (quien traicionó los postulados que lo hicieron presidente), evitó que éste le entregara al país a la guerrilla en bandeja de plata.

Lo atacan y agreden porque fue un estorbo cuando se montó en la campaña para hacer llegar a Iván Duque al Palacio de Nariño. Por todas estas cosas, hoy se lanzan contra él cual hienas enfermas de odio y venganza.

Por ende, los demócratas del mundo, y sobre todo de Venezuela, debemos solidarizarnos con el expresidente Álvaro Uribe Vélez, ya que es lo menos que podemos hacer por un hombre que ha sido consecuente y persistente en la lucha en contra del atraso político, social y económico que significa eso que mientan el socialismo del siglo XXI.

En resumidas cuentas, lo que acontece en Colombia es una vil emboscada del mismo carácter furtivo, criminal, indecente y traidor con el cual la guerrilla ha atacado y sigue atacando a las fuerzas constitucionalistas e institucionales del Estado colombiano; de esa misma forma la izquierda colombiana amparándose en jueces sin pudor tejieron una trampa leguleya con el afán de desprestigiar a quien ha sido un baluarte de decencia y ética política.

Señor presidente Uribe, sé que millones de colombianos lo respaldan, como ha sucedido en los últimos años; además, puede usted contar con la solidaridad, aprecio, oraciones y apoyo de millones de venezolanos que reconocen en usted a un aliado de la libertad para Venezuela y de la democracia en todo el continente americano.

¡Fuerza Uribe! ¡Fuerza Presidente!

¡Para mí el guarapo dulce, el café amargo y el chocolate espeso!

 

miércoles, 5 de agosto de 2020

Inquisición Política

Por José Dionisio Solórzano

Cogito ergo sum-. Pareciera que en Venezuela está penado el pensar con criterio propio, aquí el esgrimir un pensamiento político o decisión fuera del esquema tradicional es un pecado que es juzgado por un «Tribunal popular» a la usanza de la Revolución Francesa, aunque esta vez la guillotina es el escarnio público.

Me parece desmedido que se ataque de forma visceral a Henrique Capriles por el simple hecho de decir una verdad. El exgobernador de Miranda dijo que la «la estrategia de Guaidó fracasó» y esta es una verdad innegable.

Luego de un año y seis meses de la juramentación de Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela, éste no ha pisado ni la acera frente al Palacio de Miraflores, y quien ocupa la silla presidencial, nos guste o no, sigue siendo Nicolás Maduro.

Los seguidores de Guaidó agredieron con una ferocidad terrible a Capriles; no obstante los mensajes por Twitter, Facebook o Instagram no desmeritan en absoluto ninguno de las aseveraciones pronunciadas por quien en dos ocasiones dirigió a la oposición venezolana.

Y, lo más lapidario de las afirmaciones de Capriles fue aquella frase de «no sigas con ese gobierno de internet», realizando alusión a que el ejercicio del poder por parte de Juan Guaidó está limitado por el Wifi y por los megas de su teléfono celular. 

El caso de Capriles no es el único, acabamos de observar como la gobernadora del Táchira, Laidy Gómez, es llevada al paredón político por el simple hecho de acudir a las elecciones parlamentarias de este año.

Sin caer en la legalidad o legitimidad del proceso comicial, sin entrarnos en el aspecto de la conveniencia o no de participar, que son factores de discusión para otro artículo, es necesario señalar que si somos demócratas debemos empezar por respetar las posiciones de cada quien.

Las manifestaciones de radicalismo, sectarismo y una especie de dogmatismo de la nada, lo que hacen es que algunos, de quienes siguen a la oposición venezolana, se conviertan en una nueva versión de aquellos que por más de 20 años han agredido, intimidado, ofendido y hasta torturado a quienes no piensan como ellos.

Esta actitud inquisitorial que se practica en Venezuela es similar dentro del Gobierno como en la Oposición, en ambos extremos del debate político se menosprecia a aquellos que se atreven a romper paradigmas, a quienes tienen la valentía de pensar de forma independiente e innovadora.

No podemos seguir con una concepción cerrada de la crisis venezolana, tenemos que abrir los ojos. Dejemos los odios mezquinos a un lado y avancemos hacia la construcción de las salidas a la triste situación que padecemos.

Si algunos deciden el camino electoral ¡bien!, y si otros optan por otras sendas de actuación política ¡bien! Lo que sí debemos evitar es caernos a cuchilladas entre nosotros mismos como una representación masiva de Caín y Abel. 

¡Para mí el guarapo dulce, el café amargo y el chocolate espeso!











lunes, 27 de julio de 2020

Sin una gota


Por: José Dionisio Solórzano

Cogito ergo sum-. Las estaciones de servicio en Anzoátegui están sin una gota de gasolina. A pesar que nuestro estado suma el 80% de la extensión de la Faja Petrolífera del Orinoco, y que poseemos la Refinería de Puerto La Cruz y el Criogénico de Jose, aquí no hay combustible para surtir el consumo interno.

Es increíble que con los millones de barriles de petróleo que aún tenemos bajo el suelo, nuestro pueblo tenga que hacer colas terribles y amanecer en las gasolineras para poder recargar los tanques de sus vehículos con un poco de carburante.

Parece que aquel viejo slogan que decía: Ahora Pdvsa es de todos en verdad se convirtió en una realidad muy distinta, ya que en este momento Pdvsa "es de todos", pero no hay gasolina para nadie.
La crisis del combustible no es nueva, venimos con la intermitencia en el suministro desde el año pasado. Sin embargo, durante este 2020 hemos llegado al punto de una gravedad atroz; ya no existe capacidad de producción interna y el margen de maniobra del gobierno de Maduro, en el mercado internacional, es cada vez más reducido.

En Miraflores obvian el tema de la escasez de la gasolina con la tenue esperanza de lograr un milagro y que las medidas de bloqueo de los Estados Unidos se flexibilicen y que los barcos iraníes puedan entrar a Venezuela sin la presencia de la amenaza de los buques de guerra de la armada norteamericana.

Nicolás Maduro sabe que la ausencia de combustible, más la cuarentena y el alto costo de la vida, son tres indicadores peligrosos y más cuando la sociedad está sumergida en unos inauditos niveles de presión económica.

Para quienes ostentan el poder, una explosión social tendría una gran repercusión política que harían temblar su estabilidad y ser el detonante de una escalada de acciones que pudieran desembocar en la caída del sistema actual de gobierno y de sus ejecutantes.

En la sede del Gobierno saben muy bien que no les conviene tensar aún más la cuerda del aspecto social, y están buscando la forma de suavizar el impacto de la molestia en los cerros y barrios de toda Venezuela, puntualmente los de Caracas.

He palpado como tratan de mejorar el suministro y distribución de las llamadas Cajas Clap, con el propósito de que sirvan de una válvula de escape en los sectores más desposeídos y que ayuden a bajar la calentura en comunidades que en este momento se sienten solas, asfixiadas y con el estómago gruñéndoles.

No obstante, la carencia de gasolina está ocasionando un aumento de la temperatura colectiva, ya hemos visto reiterados altercados en las estaciones de servicios donde una población airada se alza y enfrenta incluso a los efectivos militares apostados en las gasolineras.

Ya en Aragua de Barcelona observamos un ejemplo de lo que hierve en la sociedad, y también vimos como un funcionario, actuando cual esbirro, disparó contra dos ciudadanos que solo querían echar gasolina luego de días de cola.

¿Por qué sucede esto? La escasez propiamente dicha ya sería, en cualquier parte del mundo, razón suficiente para un reclamo colectivo, sin embargo en Venezuela hay un agregado cultural, que no podemos obviar, como es la certeza popular que el petróleo es de los venezolanos, esta premisa ha calado profundamente en el ánimo nacional, es por ello que la ciudadanía no acepta que le racionen un servicio y/o recursos que por tradición "es de todos".

Es por ello que mientras persista la escasez de gasolina, el Gobierno tendrá sobre sí la espada de Damocles pendiendo y con un filo demasiado afilado.

¡Para mí el guarapo dulce, el café amargo y el chocolate espeso!









lunes, 20 de julio de 2020

¿Te identificas?


Por José Dionisio Solórzano

Cogito ergo sum-. A Juan le quedaba una ñinguita de gasolina en el tanque de su corolla azul, luego de pensarlo mucho y de recibir por Whatsaap las Estaciones de Servicio que al día siguiente iban a surtir combustible, tomó la decisión de irse a dormir a la bomba.

Su esposa, le hizo cena y desayuno para el otro día, metió en el maletero dos botella de agua congelada en una cavita y una pimpina de gasolina de unos 4 litros, y arrancó rumbo a la surtidora de carburante.

Llegó a las 7 de la noche, a esa hora ya la cola se prolongaba en una interminable línea que bordeaba los límites de un sector "rojo" de la ciudad. Juan respiró profundamente, besó la cruz que le pendía del cuello y empezó su vigilia.

Al cabo de unos pocos minutos dejó de ser el último en la fila; y ante el movimiento de los conductores que salían de sus vehículos a conversar, decidió integrarse a la tertulia nocturna sobre el asfalto.
Entre chistes, críticas al gobierno y anécdotas de otras noches como aquella, fueron pasando los minutos, y a las 9pm empezaron a ver un movimiento extraño.

Dos motorizados hacían roncar los motores de su transporte a dos ruedas, la primera reacción de todos fue de miedo, hasta que alguien dijo: "Es la Guardia Nacional".

Y en efecto, dos funcionarios, uno vestido del verde oliva de la Fuerza Armada Nacional y otro trajeado del azul de la policía regional, venían realizando una lista de las matrículas de los automóviles que se encontraban en la cola.

"Buenas noches señores, venimos organizando la fila", notificó el militar con un lenguaje cordial y hasta solidario. Todos quedaron satisfechos, y ante la dispersión de los conductores, Juan aprovechó para meterse en su corolla y comerse la arepita rellena de mortadela que su mujer le había preparado con la escasez de su hogar y con el amor que le profesaba.

Luchó contra el sueño, hasta que éste le venció. Como a la una de la mañana, debido a una música estrepitosa, se despertó y salió del automóvil, estiró sus piernas y empezó nuevamente conversar con sus compañeros de cola y de desdicha.

"Hermano, yo me metí en esta vaina porque yo no soy de aquí, vengo del estado Bolívar y me tengo que regresar hoy mismo, si es que logro echar gasolina… Yo con 40 litros tengo para llegar a mi casa", le dijo Ricardo, un señor de unos 50 años.

Cuando aclaró el día, nuevamente los funcionarios pasaron lista a los vehículos en la fila; donde estaba Juan se escuchaban los griteríos de la gente, supuestamente quedaban unos 25 carros que le tocaban el día anterior y habían quedado pendientes para ese día.

El encargado de la Bomba, un coronel del Ejército, había dado la orden de que "a quién no le toca, no le echamos gasolina y punto".

Después de varios minutos de discusión, lograron sacar a los que habían quedado del día anterior, quienes se retiraron con una mezcla de tristeza y frustración.

A partir de allí, enumeraron los vehículos del día. Juan brincó de la alegría al saber que estaba en el puesto 64. De que echo gasolina, echo, pensó con entusiasmo. Empezó a moverse la cola, al rato de conocerse que la cisterna había descargado el combustible.

Como a las 10am empezaron a oírse los comentarios. "La gandola solo dejó 9 mil litros de combustible"… "Tomaron la determinación de echar 30 litros por carro". Juan calculó:si hay 9 mil litros y solo dispensarán 30 por vehículo, alcanza para 300 carros, yo estoy hecho.

Cuando solo le faltaban 6 carros para que tocara el número 64, Juan salió de su carro para ir a pagar, como era el método usando en la Bomba. Estando allí, esperando para entrar a cancelar, Juan notó que los uniformados dejaban pasar autos que no estaban enumerados, lo cual le preocupó, no obstante aún estaba consciente que por los números, él si podía recargar combustible.

Unos 20 o 25 vehículos de una cola paralela, entraron a la estación, mientras que a Juan, y a otros, no los dejaban pasar ni siquiera a pasar sus tarjetas.

Al cabo de unos 40 minutos de pie, esperando en medio del sol, salió un militar y dijo: "Señores, se acabó lo que se daba"…

Cómo se acabaron los 9 mil litros; En qué momento pasaron 300 autos estas preguntas se convirtieron en ira para algunos, tristeza para otros, impotencia y ganas de llorar. Juan pataleó, protestó y hasta lo amenazaron con llevárselo preso, y así con los ojos aguados, la furia en sus manos empuñando el volante y con la luz encendida en el tablero de la gasolina regresó sin el chivo y sin el mecate a su casa.

P.D: Esta historia es un relato ficticio, pero no me hago responsable si te identificas con su contenido.

¡Para mí el guarapo dulce, el café amargo y el chocolate espeso!


martes, 14 de julio de 2020

Realidad hospitalaria


Por José Dionisio Solórzano

Cogito ergo sum-. Estuve leyendo que el Hospital Universitario de Caracas tiene una ocupación del 75% en el área destinada para el Covid-19, el Hospital Miguel Pérez Carreño tiene un 100% de ocupación en el espacio para atender a contagiados por Coronavirus; el Hospital de Magallanes de Catia está en 85%, el Hospital Victorino Santaella, en los Teques estado Miranda, está copado al 100%  y el Domingo Luciani ya está colapsado, si esto sucede entre Caracas y Miranda, no quiero saber ni imaginarme el estado de los centros de salud del resto del país.

Es importante, al ver lo que ocurre en el resto de la nación, resaltar la loable labor de rehabilitación, mejoras y optimización de espacios que se han realizado en los hospitales y ambulatorios de Anzoátegui.

A pesar que el gobierno de la entidad está ahorcado presupuestariamente y asfixiado financieramente, el gobernador Antonio Barreto Sira ha sabido canalizar los esfuerzos para mantener en pie una red de centros asistenciales que estaban en la ruina a su llegada a la Gobernación.

Por encima de las limitaciones y el cerco impuestos por Caracas, en Anzoátegui se han invertido recursos y esfuerzos en atender las necesidades de salud en la región; el Hospital Luis Razetti ha sido el principal punto de inversión, debido a que este nosocomio no solo atiende las necesidades de los anzoatiguenses sino que además permanentemente recibe pacientes de los estados vecinos como Bolívar, Sucre y Monagas.

Bajo el plan Obras para la Vida, el gobierno anzoatiguense está logrando, con las uñas, lo que gobiernos anteriores, con mucho más apoyo y recursos, no pudieron o no quisieron hacer; esta labor debe ser reconocida y aplaudida por todos, debido a que el país necesita que sus gobernantes se ocupen más del tema de salud.

La acción de gobierno en Anzoátegui en materia asistencial no es el resultado de la Pandemia, sino que es una práctica que data desde el inicio del actual período y se ha extendido, y tomado aún mayor importancia, debido a las actuales circunstancias que afrontamos gracias al virus chino.

Sin embargo, más allá de los esfuerzos realizados por la Gobernación de Anzoátegui en hospitales como el Razetti, el Felipe Guevara Rojas de El Tigre, el Angulo Rivas de Anaco, y ambulatorios en la zona norte, centro y sur, se necesita mayor accionar por parte de los entes nacionales, quienes por años, o mejor dicho décadas, han permitido que las infraestructuras de salud se caigan a pedazos a lo largo y ancho de la República.

Ahora bien, más allá de la diatriba del poder, de quién manda y quién es legítimo y quién no, hay una situación grave en el país que demanda nuestra cohesión y trabajo en equipo; aunque muchos no lo quieran admitir, Venezuela está al borde de vivir lo que se vivió en Ecuador, donde las personas caían desfallecidas víctimas del Covid-19. No podemos esperar que esto ocurra, no podemos aguardar que el sistema médico y de salud de la nación termine de colapsar por completo para reaccionar.

La reunión que sostuvieron el gobernador de Anzoátegui, Barreto Sira, y el llamado "protector" del estado, Aristóbulo Istúriz, fue una clara demostración de gallardía y de visión compleja del mandatario anzoatiguense, quien olvidándose momentáneamente de los agravios políticos sufridos, y del acoso al cual ha sido víctima, se presentó a un encuentro de cooperación en aras de salvar vidas de anzoatiguenses.

Lo que tenemos al frente no es un juego, es una terrible realidad que nos coloca en riesgo a todos, por eso entre todos tenemos que superarla.

¡Para mí, el guarapo dulce, el café amargo y el chocolate espeso!

martes, 7 de julio de 2020

Recordando


Por José Dionisio Solórzano

Cogito ergo sum-. Aquí estoy sentado frente a esta hoja blanca que cada vez se hace más inmensa; aquí estoy sentado recordando las veces que, por encima de los malos augurios y de las aves negras de lo infausto, logramos saborear las mieles de la victoria electoral.

Recuerdo aquella noche, los rumores iban y venían, yo entraban a las instalaciones de la Oficina Regional Electoral de Barcelona, el hermetismo era total y el cuchicheo se transformaba en una ola silente que se prolongaba en los rostros de los funcionarios públicos.

Venía de hacer mi recorrido por varios centros electorales, mi libreta de periodista estaba repleta de datos preliminares y de resultados de algunos centros de votación que habían cerrado temprano.
En aquella hora era inevitable el triunfo del "No" a la Reforma Constitucional en Anzoátegui, sin embargo era temerario pronosticar el resultado nacional.

Me fui a un comando operativo de la oposición en un conocido hotel justo en la frontera entre Barcelona y Lechería, allí los teléfonos repicaban, el personal descargaban datos por cada mesa de votación. Sin duda la oposición había ganado en el estado.

Con la angustia de una noche electoral, me fui a escribir y esperar los datos finales. En la vía me llamaron y solo me dijeron: "Ganamos el país"… Aún estaba incrédulo, para ese momento jamás Hugo Chávez había perdido un proceso comicial.

Ya en el periódico todos los reporteros, los de guardia y aquellos que no, estaban en la oficina del Director, esperando lo que iba a decir Tibisay Lucena, quien empezó diciendo: "Quien tenga que celebrar que lo haga con humildad, y quienes no fueron favorecidos hoy les digo que no se rindan" mi reacción al oír aquellas palabras fue de "ay, papá… perdieron".

La tendencia, aunque estrecha, fue "irreversible" y la oposición pudo detener la Reforma Constitucional; a las afueras del periódico se escuchaban los cohetes y los gritos. Me acuerdo que aquella noche el elevado de Lechería se llenó de carros, personas, banderas y alegrías.

Aquí frente a esta hoja, ya no tan blanca, recuerdo cuando recibí una llamada telefónica a las 5pm. Me decían: "tenemos los números, la oposición arrasó", mi respuesta fue en tono de pregunta: "¿en Anzoátegui?" A lo que me aseveraron: "no, ganamos la Asamblea Nacional, tenemos la mayoría de los diputados".

Fueron las elecciones parlamentarias del 2015, la tarjeta "de la manito" se convirtió en un símbolo político que entusiasmó a toda la nación. Recuerdo que aquella noche me comuniqué con uno de los recién electos diputados y me manifestó que "esto es una noche diferente, les ganamos en todas partes".

Unos minutos después pasé por la sede del Psuv en Barcelona, el silencio era devastador. Tres o cuatro simpatizantes aún quedaban revoloteando por los alrededores, la tristeza era atroz, mientras que la oposición celebraba desde balcones, con los pitos de sus carros y desde las aceras que se transformaron en pistas de baile y alegría.

Sí, también recuerdo otra noche que cerraban los centros electorales de Anzoátegui y en cada una de las papeletas se leía una cifra mayor de votos en favor de Antonio Barreto Sira, mientras que Aristóbulo Isturiz se veía cada vez más derrotado.

Desde Soledad hasta Guanta, se iban sumando votos y el de Cantaura le ganaba cómodamente al importado del Psuv. Ese mismo día, más y más personas se agolpaban en una especie de comando de emergencia que se armó en Lechería, donde propios y extraños festejaban la victoria.

Y así he llenado la página en blanco, y así recordé como en condiciones adversas la oposición, con estrategia y la convicción masiva de salir a votar, logró ganar sobre todos los pronósticos.

¡Para mí el guarapo dulce, el café amargo y el chocolate espeso!