miércoles, 26 de febrero de 2020

Xenofobia contra venecos

José Dionisio Solórzano


Cogito ergo sum-. Observo por las redes sociales como la xenofobia contra los venezolanos persiste y se profundiza; leo como muchos colombianos atacan a los venezolanos y emplean el término "veneco" de forma peyorativa, como una expresión de insulto.

Primero, quisiera recordar en estas líneas como durante las décadas del 50, 60, 70, 80 e incluso en los 90 del siglo pasado, millones de colombianos cruzaron las fronteras rumbo a Venezuela huyendo de aquella nación sumergida en una guerra civil eterna.

Se olvidan los colombianos como llegaban por millares a refugiarse de las agresiones de la guerrilla o de los paramilitares; se olvidan como llegaban a Venezuela tratando de huirle al carro-bomba de los narcotraficantes.

Se olvidan los colombianos como ellos fundaron comunidades en el país, como crearon en prácticamente cada municipio de Venezuela un "Barrio Colombia", e incluso llegaron al extremo de izar su bandera en territorio venezolano. ¡Qué mala memoria tienen!

En aquellos días los colombianos venían a Venezuela buscando una vida mejor, buscando una sociedad de paz donde pudieran desarrollarse desde el punto de vista profesional y personal. Y aquí, permítanme recordarles, fueron recibidos como hermanos, con los brazos abiertos.

Ahora, que somos nosotros los que necesitamos abrigo y apoyo, ustedes nos atacan en las calles, ustedes nos insultan y menosprecian. ¿Por qué tanta rabia contra nosotros? ¿Por qué ese resentimiento contra los venezolanos, que los ayudamos en su momento?

Tal vez, los colombianos siguen sufriendo el síndrome del pariente pobre. Sí, ese que a pesar que surge en la vida, que progresa continúa guardando los rencores del ayer, sigue envidiando lo que ya posee con esfuerzo. Tal vez, muchos de ustedes no comprendan que una mano lava la otra, y así como ayer nosotros los ayudamos, hoy ustedes deberían hacer lo propio.

Y, quisiera hacer un apartado, sobre los venezolanos que han cometido delitos en otros países, es lógico que los castiguen, pero es injusto que condenen a todo un pueblo por las fechorías de un puñado de malandrines. ¿O es que en su tiempo no hubo colombianos que cometieron delitos y fallas en Venezuela?

¡Colombianos! Lo que hagan hoy marcará su futuro, recuerden que la vida es un carrusel y quienes hoy estamos abajo, mañana estaremos otra vez en la cima. No olviden que cada vez que agreden a un venezolano, agreden a todo un país, cada vez que maltratan a un venezolano lo hacen contra un hermano.

No se olviden que Simón Bolívar, quien los liberó, fue un "veneco", como les gusta llamarnos. No se olviden que Rafael Urdaneta, quien se sentó en su silla presidencial fue un "veneco". No se olviden que José Antonio Anzoátegui, héroe de la Batalla del Puente de Boyacá, fue otro "veneco". Sí, eso fue hace muchos años, pero los logros de ese ayer nunca podrán ser saldados.

Es menester hacer una salvedad entre los colombianos xenófobos y los colombianos que ven con preocupación lo que ocurre en Venezuela; es justo agradecerle a Iván Duque su apoyo al éxodo venezolano, agradecerle a Martha Lucía Ramírez su permanente preocupación por lo que acontece en este lado de la frontera.

Sé que hay muchos colombianos que están conscientes que lo que ocurre en Venezuela tiene un efecto en Colombia, y viceversa. A ellos todas las bendiciones del mundo, y para quienes fustigan a los venezolanos solo les recuerdo que nuestro país saldrá adelante y cuando lo haga otro gallo cantará.

Venezuela volverá a salir adelante, este país retornará a su destino grande y maravilloso. Los venezolanos volveremos al sitial que nos corresponde y cuando eso ocurra no se preocupen los venezolanos volveremos a ser ese pueblo gentil, solidario y dispuesto a extenderle una mano amiga a todos.

P.D: Y este mensaje no se limita a colombianos solamente, sino que también va destinado a peruanos, chilenos, ecuatorianos, brasileños, uruguayos y panameños. También a mexicanos y demás nacionalidades que reciben a los venezolanos que escapan de una tragedia humana sin igual.

Mis palabras de sincero aprecio para aquellos dominicanos que rechazaron la medida de visa para venezolanos, e incluso argumentaron que República Dominicana y Venezuela tienen más en común que dominicanos y haitianos. Gracias por su solidaridad.

Y al gobierno de Aruba, que ahora les pone trabas a los venezolanos, les recuerdo que por muchas décadas sobrevivieron gracias a los venezolanos que iban a la isla, se hospedaban en sus hoteles y jugaban en sus casinos. ¡Qué memoria tan frágil!

¡Para mí, el guarapo dulce, el café amargo y el chocolate espeso!







martes, 11 de febrero de 2020

¡Juventud!


Por José Dionisio Solórzano

Cogito ergo sum-. “La juventud tiene el genio vivo y el juicio débil” esta frase del eterno Homero encierra tal verdad que es irrebatible.

La juventud es la mezcla entre la fuerza y el desespero, entre la energía y la falta de prudencia.
La juventud es dinamismo, es valentía, es coraje, es fuerza creadora. La juventud es una energía que renueva todo y destruye todo a su paso. La juventud es un sentimiento que une, aviva el fuego y genera ilusiones.

Y ese mismo ímpetu ha hecho que los jóvenes venezolanos hayan sido incontables veces forjadores de libertades y de refundaciones de este pedazo de tierra que llamamos Venezuela.

Fueron los jóvenes, soldados y seminaristas, quienes un 12 de febrero entregaron sus vidas por el amor hacia la libertad y la independencia. Fue José Félix Ribas quien moldeó la arcilla de aquella juventud para hacer de aquellos espíritus hombres listos para el sacrificio por un bien mayor.

Fueron jóvenes los de la generación del 28, quienes alzaron sus voces en medio de una sociedad silenciada bajo el yugo del terror y de la opresión. Fueron jóvenes los de la generación del 36 quienes reavivaron las llamas por la democracia en otro momento de nuestra historia.

La Venezuela de siempre ha sido movida por el motor de su juventud, por el engranaje de sus nuevas generaciones que no se han quedado quieta, y cuando lo han hecho ha sido el nacimiento de períodos de estancamiento social, político, económico e incluso moral.

Y en el país que vivimos en la actualidad, han sido nuevamente los jóvenes quienes han salido a las calles. En la generación 2007 y en la generación 2014, miles de jovenzuelos salieron a las calles a decirle a un régimen que no era de su agrado: ¡No te queremos!

Las calles de Venezuela se llenaron de unos jóvenes combativos y valientes; así como fueron los jóvenes que siguieron a Bolívar, Ribas, Paéz, Sucre o Anzoátegui, jóvenes como esos mismos héroes que dieron un paso al frente cuando la necesidad de su tierra así lo pidió.

La Venezuela actual necesita que sus nuevas generaciones no se queden arrimadas a un lado del camino de la historia, por el contrario es urgente que los jóvenes asuman el protagonismos que les toca jugar en el presente.

Sin embargo, juventud sin guía es una anarquía. Juventud sin consejos es una bacanal, juventud sin la experiencia de un buen padre o maestro, es una energía que fluye sin destino, sin orientación y sin porqués definidos.  

Nunca la juventud puede caminar sin el apoyo de aquellos que han vivido más, ni los viejos pueden estar sin el ánimo, la inspiración y la fe que se desprende de los jóvenes que su andar.

La clave del éxito es la convergencia entre vitalidad joven y la prudencia de vida, es la unión entre los que quieren transformarlo todo y aquellos que saben cuál es el camino para ello.

Y ahora que celebramos el Día de la Juventud, le recuerdo a los más jóvenes que el presente es compartido y el futuro es plenamente suyo.

¡Para mí, el guarapo dulce, el café amargo y el chocolate espeso!




jueves, 6 de febrero de 2020

Del 23E al 4F


Cogito ergo sum-. Han pasado dos días emblemáticos dentro de la historia de Venezuela, por un lado el 23 de Enero y por el otro el 4 de Febrero, sin embargo los venezolanos comprendemos lo que en verdad significan estas fechas.

El 23 de Enero de 1958 se concretó el derrocamiento del régimen del General Marcos Pérez Jiménez, con esto se inició la etapa civilista de la República y a la vez se truncó una política de crecimiento y desarrollo que había experimentado la nación en la última década.

A veces solo nos centramos en la represión y opresión que significaba el régimen militar, no obstante el gobierno de Pérez Jiménez fue un ejemplo de progreso, orden y exaltación de los valores nacionales.

Durante 10 años, el modelo del Nuevo Ideal Nacional trató de rescatar la línea evolutiva social planteada por el Cesarismo Democrático, basamento sociológico y filosófico del régimen de Juan Vicente Gómez que acompañó a las gestiones de los generales Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita, truncado éste por el denominado trienio adeco.

El régimen de Pérez Jiménez buscaba nuevamente enrutar a la nación en este camino que iba a preparar a los venezolanos hacia la democracia, a través de un proceso de maduración y concientización. Sin embargo, el sueño de libertad se impuso sobre la razón.

El 23 de Enero es, a la vez, sinónimo de democracia y anarquía, es un éxito y un error; el 23 de Enero es el inicio de las libertades públicas y el fin del crecimiento con orden y responsabilidad. El 23 de Enero es una fecha para celebrar y, además, para lamentarnos.

Esta fecha, un modelo de progreso se detuvo de golpe, una Venezuela decente, respetuosa y digna empezó a cambiar. Y no solo fue una cuestión de militares o civiles, porque el primero que inicia la anarquía social, con el Plan de Emergencia, fue el vicealmirante Wolfgang Larrazábal.

El 23 de Enero fue un día de dicotomías y de bifurcaciones, en cambio el 4 de Febrero solamente fue un día de desolación, tristeza y del comienzo de una caída larga y profunda para todos los aspectos nacionales.

Si el régimen de Pérez Jiménez basó su objetivo en el crecimiento físico de Venezuela y en la madurez social del pueblo; el régimen de Hugo Chávez fue directamente a envenenar la consciencia colectiva, dividir a los venezolanos y edificar una sociedad de corruptos y sinvergüenzas.

El 4 de Febrero encarnó la elevación de una nueva logia militar, esta vez no centrada en el bienestar de la patria sino en un resentimiento social arraigado y profundizado por largos años de adoctrinamiento socialista dentro de los mismos cuarteles.

Los demócratas de los años 60, 70, 80 y 90 fueron descuidando el mundo castrense; el sentimiento democrático entre los militares, quienes eran una de las instituciones más respetadas entre los venezolanos, fue minimizándose y dando paso a una anatomía castrense muy distinta, con muy poco compromiso con el modelo producido desde el 23 de Enero.

El 4 de Febrero no fue un movimiento cívico-militar, como la propaganda lo ha vendido, no. El 4 de Febrero simplemente fue un golpe militar fracasado, pero poseyó una consecuencia al visualizar de forma poco estratégica, para el gobierno democrático, a los golpistas quienes fueron inmediatamente endiosados.

El 4 de Febrero al igual que el 23 de Enero simbolizan una ruptura. Los hechos del 1958 fueron una mezcla de dulce-amargo para los venezolanos, mientras el 4 de Febrero es la hiel en su máxima expresión, este día muere la libertad y nace la opresión sin orden, muere la democracia y nace un sistema amorfo, sin moral, sin restricciones, sin consciencia clara entre el bien y el mal.

Los venezolanos tenemos, de una vez por todas, que asumir las fechas por lo que en verdad representa. El 23 de Enero debe ser un día para la reflexión colectiva, para el razonamiento exhaustivo de nuestra realidad como nación, y el 4 de Febrero debe ser concebido como un día de duelo nacional por la muerte de tantos venezolanos ese día y por la muerte dual de la libertad y el orden.

¡Para mí, el guarapo dulce, el café amargo y el chocolate espeso!











lunes, 27 de enero de 2020

Eureka Social


Por José Dionisio Solórzano

Cogito ergo sum-. En muchísimas ocasiones las ideas para escribir nacen de la observación y de saber escuchar a nuestro alrededor. Hace unos pocos días oí una conversación de autobús, entre dos trabajadores, que despertó en mí la necesidad de reflexionar sobre el origen del resentimiento social.
Los mencionados obreros, quienes portaban sus camisas con el logotipo de la industria donde laboran, hablaban de la injusticia de los sueldos y salarios que devenga la masa trabajadora venezolana, disertaban a viva voz su inconformidad y su frustración creciente.

Uno de ellos, con todo molesto y airado, decía "no es posible que nosotros que nos matamos trabajando ganemos 200 mil bolívares quincenales, mientras los ingenieros sentados con aire acondicionado ganen 2 millones mensuales".

¿Por qué la comparación? Fue la pregunta inicial que brotó en mi mente, ¿Por qué se comparan con aquellos que estudiaron una carrera, mientras ellos no pudieron o no quisieron hacerlo?

¿El ingeniero, el médico, el abogado, el administrador, el comunicador o el contador son culpables de algún delito por el hecho de ir a una Universidad y haberse graduado? Aquella expresión del trabajador fue como un rayo que iluminó mi entendimiento.

Yace en nosotros, en todos los seres humanos, una necesidad de endilgarles a otros nuestros propios errores y la causa de nuestras muy particulares faltas. El ingeniero no es culpable que el obrero gane poco o que su sueldo no le alcance, y menos es responsable que el obrero no se preparase con una profesión.

He aquí el origen del resentimiento social, el nacimiento de la interrogante maligna de: "por qué él tiene y yo no". Aquí, rudimentariamente, palpamos el brote orgánico de la idea del socialismo y del comunismo. En síntesis es la necesidad de tener aquello por lo que no luchamos, es el atacar a aquel que luchó y que tiene, y acusarle que por su culpa otros sufren carencias.

Para aquellos trabajadores, montados en un autobús de la ruta Barcelona-Puerto La Cruz, la responsabilidad de la diferencia de sueldo no estriba en la educación de unos y otros, no. Para aquellos trabajadores el ingeniero, no sabré decir cómo, le ha quitado lo que ha ellos le toca por sus esfuerzos y por derecho.

En sus mentes no pasa la idea de que: "estoy así porque no estudié" o "voy a trabajar duro para que mis hijos no estén donde estoy yo, sino que estén allá en el escritorio del ingeniero"... No, para ellos es más fácil, el atacar, el recriminar, el protestar.

Esta actitud ha sido el alimento por décadas de la izquierda, quienes por años han fomentado la idea errática, cómoda y, porque no decirlo, absurda, de que el que tiene es porque le quitó lo que le correspondía a aquel que ahora no tiene.

Sin embargo, quienes piensan así no saben que muchos de los ingenieros, médicos, administradores y más, no son ricos de cuna, no son los mentados "amos del valle", sino que muchas veces son hombres y mujeres que vienen de las barriadas populares y con muchos sacrificios, de ellos y de sus padres, lograron superarse en la vida.

El trabajo honrado, cualquiera que este sea, es digno de reconocimiento. Ya sea el que tiene el pico y la pala en las manos, o aquellos que tienen el lápiz y el papel. El trabajo no debe ser génesis de diferencias sociales, no. El trabajo debe unirnos más como hombres, como seres humanos, como ciudadanos.

Y, el verdadero responsable que el obrero no pueda vivir con su sueldo, que el profesional sobreviva y muchas veces la situación lo empuje a emigrar, no es de uno o de otros, sino de las políticas de un gobierno que ha sumido a la población entera en la miseria.

¡Señores! No se trata de luchas de clases, como Karl Marx propugnaba en sus ideas, y que muchos trasnochados siguen creyendo, la solución es la solidaridad entre todos los venezolanos, es que cada quien haga su parte trabajando. Que el cocinero cocine, el obrero construya, el ingeniero ingenie y el administrador administre, todos con honradez, con pasión y con compromiso.

Y al pensar todo estos aspectos me dije: ¡Eureka! La vida es vida, cuando asumimos nuestro papel en ella, cuando nos olvidamos de acusar a terceros de nuestras faltas y nos responsabilizamos de nuestro propio papel en nuestras vidas, familias y sociedades.

¡Para mí, el guarapo dulce, el café amargo y el chocolate espeso!










lunes, 20 de enero de 2020

¡Sálvese quien pueda!


Por José Dionisio Solórzano

Cogito ergo sum-. Cuando el barco está a punto de naufragar por completo, siempre se escucha una vez que se impone ante la gritería que dice: ¡Sálvese quien pueda! y justo allí el caos termina de controlar todo el escenario.

Venezuela vive ese ¡Sálvese quien pueda! la ciudadanía hace lo que puede para resistir la realidad política, social y económica; los comerciantes por su parte abusan de la realidad arrebatándole a los venezolanos sus pocas entradas, los industriales siguen haciendo sacrificios para mantener sus empresas abiertas y en producción, y los políticos siguen sumergidos en un océanos de incidentes, sucesos y hechos  confusos o anárquicos.

Ante la rutinaria, y hasta ritual, pregunta de ¿cómo ves la cosa? No queda más remedio que contestar: ¡Jodida!

Políticamente la anarquía domina todo. Tenemos tres poderes legislativos: La Asamblea Nacional de Juan Guaidó, la Asamblea Nacional de Luis Parra, y la Asamblea Nacional Constituyente de Diosdado Cabello.

Venezuela tiene dos presidentes, un Nicolás Maduro que persiste en el Palacio de Miraflores y con control de las Fuerzas Armadas, y un presidente reconocido por más de 50 naciones en el mundo, y con aval de Estados Unidos y la mayoría de la Comunidad Europea como es Juan Guaidó.

Tenemos dos TSJ, uno en manos de Maikel Moreno y otro que se encuentra en el exilio. Tenemos dos Fiscales Generales de la República, a Tarek Williams Saab, y a una Luisa Ortega Díaz que desde el exterior sigue ordenando investigaciones y declarando como si aún poseyera el cargo.

Simplemente ¡Caos! Desde el punto de vista económico tenemos dos realidades, los sueldos y salarios en un raquítico bolívar que no alcanza para nada y el costo de los bienes y servicios totalmente dolarizados.

Somos un país plenamente contradictorio, por un lado infinidades de ciudadanos que no tienen que comer, y por el otro los bodegones, la nueva moda económica  del país, repletos de comida y con clientes gastando en divisas.

Tenemos niños que se acuestan sin comer, mientras vemos los restaurantes más costosos del país repleto de personas comiendo y bebiendo extraordinariamente bien. Este es el caos que vivimos los venezolanos, la distorsión económica que nos convierte en una nación con la mayor diferencia social del mundo.

Pareciera que el pensamiento socialismo del siglo XXI el cual esbozaba los principios de igualdad entre los ciudadanos, ha concretado lo diametralmente opuesto. Ha creado, por la vía de los hechos, la mayor división y/o brecha entre ricos y pobres.

Y en medio de esta abrupta separación  económica y en medio del desastre de poderes públicos naciones, los venezolanos tratan de salvarse, cada quien, como puede.

Unos optan por emigrar, otros prefieren jugárselas aquí. Unos se reinventan, otros juegan con las necesidades de sus hermanos, y sin embargo la mayoría de los venezolanos aún  no quieren dar su brazo a torcer, y a pesar que esta embarcación llamada Venezuela viene haciendo aguas, ellos siguen remando hasta llegar a tierra firme. 

¡Para mí, el guarapo dulce, el café amargo y el chocolate espeso!









miércoles, 15 de enero de 2020

Canibalismo económico


 Por José Dionisio Solórzano

Cogito ergo sum-. ¿Desde cuándo usted no va al mercado? Más allá de los análisis económicos de los expertos, más allá de las reflexiones de los políticos, se encuentra la realidad que palpamos todos los días cuando salimos a la calle.

La inflación es un fenómeno que ni el más comprometido de los seguidores de Nicolás Maduro puede negar. Tal vez pueden esbozar excusas, argumentos, endilgarle responsabilidades a terceros, pero no pueden ocultar su existencia.

La dolarización de hecho de la economía es otra realidad que es incuestionable. Solo basta con ir a cualquier negocio ya sea de comida, venta de repuestos automotrices o taller de cualquier índole para detallar como el intercambio de divisas es una norma en muchísimas transacciones.

Incluso, a veces nos topamos con que las colas para cancelar en bolívares son más cortas que la de dólares, lo que demuestra la distorsión terrible de la economía nacional. Y todo esto sin dejar de mencionar la caótica variación del cambio bolívar-dólar.

Cuando entró el 2020 el dólar se disparó y rozó los 80.000 bolívares, sin embargo empezó a bajar hasta caer a 60.000 bolívares y de forma abrupta de nuevo se montó en 81.000 bolívares  (por lo menos hasta el día que redacté esta columna).

Y lo más lamentable de la volatilidad del tipo de cambio en Venezuela, es que cuando el dólar sube todo lo hace, pero cuando éste baja ningún producto y ningún servicio lo hace. Lo que me lleva al punto central de este artículo, aunque es verdad que la anarquía económica es fruto de políticas desacertadas desde el ámbito político y gubernamental, también no es menos cierto que los comerciantes abusan de la situación.

El canibalismo económico en Venezuela es tal, que los comerciantes se quieren hacer millonarios a través de la especulación desmedida, el robo descarado y el uso de las más inhumanas prácticas de presión comercial.

Hablemos a continuación el caso de El Petro. Aunque la  moneda digital promovida por el Estado venezolano, no termina de ser, en el concepto estricto, una criptomoneda, ha sido un mecanismo empleado, de forma absurda y poco estratégica, para paliar la grave situación económica del país.

Durante el mes de diciembre Nicolás Maduro depositó un bono  y parte de los aguinaldos de los jubilados, y de algunos empleados públicos, en Petros. El Banco de Venezuela asumió la conversión de las transacciones a través de esta divisa, mediante el uso del biopago, y ¿qué hicieron los comerciantes? Subieron los precios de los productos.

Ahora bien, ¿por qué un comerciante tiene que incrementar el precio, si en verdad no está perdiendo ni un bolívar?

Igual pasa con los comerciantes, sobre todo los pequeños que han hecho lo que nadie había logrado hacer en más de 200 años, es decir, generaron inflación en el dólar.
En la calle vemos comerciantes que venden tal o cual producto en, digamos unos 20$, y la semana siguiente el mismo producto pasa a 25$ o 30$ lo que demuestra que los comerciantes son parte del problema venezolano.

Sin duda, las políticas económicas implementadas por Miraflores en los últimos 20 años desembocaron en la grave situación que padecemos en la actualidad; no obstante, el canibalismo económico que vemos en la calle es producto de las políticas nacionales como del apetito voraz de estafa de algunos comerciantes sin alma en el cuerpo.

¡Para mí, el guarapo dulce, el café amargo y el chocolate espeso!

 



martes, 7 de enero de 2020

A José Brito


Por José Dionisio Solórzano

Cogito ergo sum-. A José Brito lo conozco desde hace unos cuantos años atrás. Siempre se destacó por su carácter volátil, su verbo encendido y por sus reacciones poco diplomáticas.

Siempre fue destemplado, llano y firme en sus posiciones contra el gobierno nacional, sin embargo algo pasó. En algún momento todo cambió, todo se trastocó y José Brito se transformó en parte de la panacea que busca salvar a Nicolás Maduro.

¿Cómo Brito pasó de un furibundo enemigo del régimen, a un colaborador de éste?  A pesar que es difícil pensarlo, si lo analizamos con profundidad si tiene mucha lógica.

Los pininos de José Brito en la política fueron contra Ernesto Paraqueima, a quien se opuso abiertamente, haciéndole una dura oposición. No obstante, en el transcurrir de la vida, Brito se transformó el aliado, amigo y compadre de aquel a quien rivalizó por tanto tiempo.

Como parte del entorno de  Ernesto Paraqueima, quien primero fue un exaltado seguidor de Hugo Chávez, para luego saltar la talanquera, y después salir fotografiado al lado de Nicolás Maduro, Brito aprendería el arte del brinco de banca, del cambio de opinión y del acomodaticia técnica de arrimarse al árbol que da frutos.

Y, además, Brito, y con el perdón de su cara tengo que decirlo, se ha enfrascado consciente o inconscientemente a imitar a Paraqueima, no sólo en posiciones políticas sino en actuaciones y ademanes físicos. Aquí tengo que hacer un agregado: no sé si sus actitudes violentas sean naturales en él o simplemente parte de un entrenamiento intensivo que realizó en sus tiempos de seguidor, colaborador  y “hermano del alma” de Paraqueima.

Lo cierto es que el “amor” no duró mucho entre ellos. José Brito se abrió camino solo y mientras Paraqueima seguía con Podemos y después con el MAS, y estaba en esa línea de amor y odio con el régimen,  Brito se casaba con Primero Justicia convirtiéndose en parte de esa nueva camada de justicieros adoptivos que tanto ruido causó en el estado Anzoátegui.

Candidato a alcalde derrotado en el 2013, gracias a que su ex aliado se postuló dividiendo los votos y permitiendo que el abanderado del Psuv, Jesús Figuera, se colara. Posteriormente, abanderado de la Unidad Democrática para diputado a la Asamblea Nacional, resultando ampliamente vencedor.

Cuando parecía un tiro al piso su postulación y victoria para alcalde del municipio Simón Rodríguez (El Tigre), su testarudez  lo llevó a aceptar unas primarias contra el candidato de AD, Ernesto Raydan, y a pesar que todas las encuestas lo favorecían, la maquinaria adeca lo pulverizó en la elección.

Tal vez allí, más que nunca, creció su resentimiento en contra de la oposición. Siguió fungiendo como diputado y parte del equipo de Primero Justicia, recibió otro plomazo político cuando no quedó como jefe de Primero Justicia en Anzoátegui, luego de la huida de Gustavo Marcano.

Su historia como discípulo de Paraqueima, su resentimiento al no poder llegar a alcalde de El Tigre, su aflicción al estar en un partido que lo aceptó, pero jamás lo reconoció como un legítimo militante, todo esto, aunado a las ansias de poder y el apetito voraz por reconocimiento y algo más, lo llevó a traicionar todo por lo cual luchó durante años.

O tal vez nunca fue un real opositor, sus frases altisonantes, sus gritos enfurecidos, todo era parte de una estrategia, de una puesta en escena, porque pensaba que su porvenir político estaba en ese lado de la calle. Y, tal vez, ahora muestra su verdadero rostro, su verdadera personalidad.

Todo esto son suposiciones de un cronista que no termina de entender como un hombre bota años de lucha y sacrificios en un instante.

¡Para mí, el guarapo dulce, el café amargo y el chocolate espeso!