lunes, 20 de septiembre de 2021
Vete, eres un estorbo
jueves, 8 de abril de 2021
Guerra Ideológica
Por José Dionisio Solórzano
Cogito ergo sum-. Venezuela está hundida en una crisis económica,
social, política – y ahora de salud pública – que data de 20 años de
antigüedad; sin embargo el verdadero problema nacional es la guerra ideológica
que se libra silentemente en su interior.
Sí, queramos o no admitirlo, el
país está en medio de una guerra de concepciones y pensamientos. Desde 1999,
con el arribo de Hugo Chávez al poder, se inició en la nación una pugna de
poder entre dos facciones irreconciliables: El marxismo cultural y el
conservadurismo moral.
Quienes han estado en el uso del
poder por más de dos décadas vienen ejecutando un plan de desculturización y de
eliminación de los valores nacionales. La moral colectiva, la ética pública, la
esencia misma del venezolano han sido reemplazados por la nueva concepción del
«hombre nuevo» del socialismo.
Y ¿por qué razón los valores
occidentales, cristianos y venezolanistas no han ganado espacio en esta lucha
de años? La respuesta es simple, aunque incomodará a más de uno, pues no se ha
logrado conquistar más espacios en esta batalla ideológica porque en el bando
democrático abundan los nostálgicos del marxismo moderado que – incluso – han
dirigido a la oposición.
¿Cómo pueden vencer a aquello –
que en el fondo – idolatran? Muchos de los grupos que hacen vida en la
oposición son socialistas igual que aquellos que están en el poder; las
diferencias son mínimas, más de formas que de fondo, son divergencias que al
final no generan cambios profundos en la vida nacional.
No obstante, en la oposición
venezolana sí existen sectores que representan la antítesis del modelo
gobernante venezolano; sí existen factores que encarnan esa Venezuela digna,
moral y buena que se debe rescatar con la mayor prontitud posible.
Todo esto indica que la guerra
ideológica venezolana no se limita entre la dicotomía entre izquierda o
derecha, entre Gobierno y Oposición, sino que dentro el mismo seno de los
sectores democráticos se libra esta batalla, pues en el centro de las
plataformas democráticas – llámese Frente Amplio, Mesa de la Unidad Democrática
o la antigua Coordinadora Democrática – persiste un bloque entre marxistas (de
menor dogma y conservadores y nacionalistas).
Esta misma puja interna la vivió
el partido gobernante cuando solía llamarse Movimiento V República, pues en aquellos
días dos grupos se disputaban el control: civilistas (izquierda marxista) y
militaristas (más a la derecha), al final los primeros se impusieron e
iniciaron un largo período de socialización de la vida venezolana.
Frente a esta realidad, soy de los
que cree necesario una unión entre liberales (en su concepción europea),
demócratas cristianos, nacionalistas y sectores conservadores nacionales que
permitan el relanzamiento de un gran movimiento venezolanista que alce las
banderas ideológicas contrarias al socialismo y al marxismo, en cualquiera de
sus presentaciones y/o colores.
Es decir, un grupo donde
demócratas cristianos (centro-derecha), liberales (derecha económica),
conservadores (derecha moral y política) y grupos nacionalistas puedan crear un
solo programa de acción política y una sola estrategia que le presente a la
nación una «tercera vía».
Una tercera vía que les diga a
los venezolanos que «el cambio es por aquí».
¡Para mí el guarapo dulce, el
café amargo y el chocolate espeso!
lunes, 29 de marzo de 2021
De Trump a Bolsonaro
Por José Dionisio Solórzano
Cogito ergo sum-. En el
Gobierno nacional, con sus distintos voceros, cada vez que se ocupan de
abordar el tema de la pandemia inician con un análisis profundísimo de las
secuelas del virus chino en otras partes del mundo, como si con esto
disminuyeran las consecuencias de la Pandemia en el suelo nacional.
Ya sea el presidente Nicolás
Maduro, la vicepresidente Delcy Rodríguez o el ministro de comunicaciones Freddy Ñáñez, todos efectúan una perorata
incansable y cansona con relación a la «gravísima situación del Covid» en otras
partes y de las «política irresponsables» de tal o cual presidente.
Durante la crisis del 2020 – en
los tiempos de la más dura cuarentena – en Miraflores comenzaban sus
alocuciones al país hablando que Donald Trump esto qué Donald Trump aquello,
efectuaban larguísimas reflexiones sobre las supuestas políticas erráticas de
la administración del expresidente de los Estados Unidos.
Ahora, como ya no está un Donald
Trump a quien atacar, enfilaron sus baterías contra el presidente derechista
del Brasil, el señor Jair Bolsonaro.
Me atrevería a decir que pasan
más tiempo hablando de los hospitales y de los casos de Covid-19 en la nación
carioca qué de los índices reales de la enfermedad en el territorio nacional;
simplemente están aplicando la vieja – y muy desgastada estrategia – de
desviación de la opinión pública.
El planteamiento es tan
ideológico y políticamente conveniente, para quienes poseen el poder, que ese
mismo gobierno que era incapaz de llamar al Covid-19 con el epíteto «virus chino», y hasta condenaba su uso, no
tiene el menor reparo en hablar de la «cepa brasileña»; y esto es obvio, pues
China es padre tutelar de Miraflores, y en cambio el gobierno de Brasil
representa los valores que el oficialismo venezolano rechaza.
De acuerdo con la narrativa
política del Gobierno nacional, el culpable de la crisis pandémica en el mundo
es Jair Bolsonaro y sus políticas nacionales alrededor de la crisis de salud,
sin embargo obvian que la enfermedad nació de China, y que fueron los chinos,
con su pésimo manejo de la situación, quienes permitieron que el mal se
expandiera por todo el globo terráqueo.
Para el discurso político de
quienes se encuentran en el usufructo del poder, el Coronavirus cundió en el
mundo por culpa de – primeramente – Donald Trump y ahora de Jair Bolsonaro, y
que los laboratorios biológicos del Partido Comunista Chino no tienen nada que
ver con el asunto, semejante descaro en la vida.
Ahora bien, al venezolano
promedio le tiene sin cuidado lo que pase en Estados Unidos o en Brasil – y
quienes tienen el coroto en las manos tienen que recordar aquella frase tan
usada por ellos, cuando les conviene, que dice «la autodeterminación de los pueblos», pues
cada nación aplica las políticas a lo interno que mejor le parezca –, los venezolanos
lo que quieren son soluciones a los problemas de salud pública, de orden
económico y social que abundan en el país.
El país lo que reclama a gritos
es dotación para los hospitales, equipos de bioseguridad para todo el mundo,
vacunación masiva y punto.
¡Para mí el guarapo dulce, el
café amargo y el chocolate espeso!
lunes, 15 de marzo de 2021
Postdata
Por José Dionisio Solórzano
Cogito ergo sum-. El periodismo no es una simple profesión, es algo
más. El periodismo es una pasión, es una forma de vida, es una concepción
profunda de la sociedad. Es por ello, que quienes hemos ejercido el periodismo
nunca dejamos de añorar – cuando pasamos a otros ámbitos de la comunicación –
el ardiente frenesí de la noticia, la emoción del «tubazo» y la adrenalina de
las intrigas políticas.
Quien le escribe – los últimos
años de su vida – se ha dedicado a otros aspectos de la comunicación social
como han sido la comunicación institucional, la comunicación digital - las
redes sociales -, la comunicación política y la atención al cliente; sin
embargo, me hacía falta hacer algo de periodismo, pues no bastaba con esta
columna de opinión: «Cogito ergo sum».
Es por ello, que desde el lunes
15 de marzo empecé una pequeña tribuna de periodismo, en este caso radial,
desde la emisora Cosmos 94.1 FM. Ahora, a través del programa «Postdata»
estaremos entrevistando a los diferentes voceros de la vida política y
económica nacional y regional.
Con una visión clara de nuestro
rol como periodistas, con una idea cimentada de nuestra responsabilidad como
comunicadores, estamos listos para ofrecerle un espacio polémico, divertido y
sobre todo analítico de lo que es noticia en un país totalmente convulsionado y
en una sociedad donde las noticias se sobreponen gracias a una dinámica
arrolladora.
«Postdata» es un intento de
fomentar los valores del periodismo, es decir: imparcialidad, veracidad,
equilibrio e investigación, con el firme propósito de informar a los oyentes de
los más diversos temas de interés.
Mediante «Postdata» no solo
regreso – de cierta forma al periodismo – sino que buscaré demostrar que, por
encima de las circunstancias, aún se puede realizar un periodismo sin pasiones,
sin ideologías, y sin necesidad de arrodillarse frente a nadie, ni ceder ante
nadie.
Todos los lunes, miércoles y
viernes en «Postdata» estaremos abordando los temas que son noticias a escala
nacional y local y trataremos los temas con la mayor amplitud y la seriedad que
demanda nuestra complicada realidad nacional. Junto con el experimentado
locutor, Ricardo Velázquez llevaremos una visión diáfana y precisa del
acontecer público.
Cosmos 94.1 FM – una nueva
emisora radial con un alcance importante – nos está dando la oportunidad de
abrir un espacios donde rojos y azules, donde católicos y protestantes, donde
liberales y conservadores, y tirios y troyanos tendrán la oportunidad de hablar
y dar a conocer sus opiniones bajos una entrevista que nunca será complaciente y
que siempre irá al epicentro de la noticia.
En «Postdata» los estaremos
esperando los lunes, miércoles y viernes de 12m a 1pm para darles a conocer los
pies de páginas, los entretelones y las letras pequeñas, que a veces se escapan
de los ojos más atentos, de los hechos noticiosos venezolanos.
Sin duda, estoy retomando una de
las pasiones de mi vida, el periodismo. Y lo hago en un medio que no ha sido el
que más he dominado, pues salvo una experiencia anterior en el programa «Toque
de Sazón» que conducía junto a la buena amiga María Alejandra Malaver, la radio
es algo, relativamente nuevo para quien le escribe. ¡Nos oímos pronto!
¡Para mí el guarapo dulce, el
café amargo y el chocolate espeso!
lunes, 1 de febrero de 2021
¿Aprenderemos la lección?
Por José Dionisio Solórzano
Cogito ergo sum-. Será que los venezolanos, por fin, aprenderemos
la lección. Nosotros no podemos seguir siendo los mismos «tipos chéveres» de
otros tiempos. Pues, hemos visto como los demás nos pagan por nuestra amabilidad.
Los venezolanos, por décadas,
fuimos el destino que abrigó a extranjeros de toda índole. Les abrimos las
puertas a latinoamericanos que huían de persecuciones políticas, de guerras
internas y de crisis económicas agobiantes, aquí crecieron profesional, técnica
y humanamente familias provenientes del Perú, Ecuador, Argentina, y ni hablar
de quienes vinieron de Colombia y de Trinidad y Tobago.
Venezuela
fue una tierra abierta a los extranjeros, aquí el portugués era el dueño de la
panadería, el italiano era el sastre o tenía su zapatería, aquí los «turcos»
eran quienes vendían desde muebles hasta quincallerías. Éramos una metrópolis
de razas bien recibidas y bien atendidas.
Ahora,
cuando somos los venezolanos a quienes nos ha tocado emigrar a otras latitudes,
nos tratan como leprosos que nadie quiere.
El gobierno
del Perú, desde el Palacio de Pizarro, moviliza su ejército a su frontera norte para evitar que los
venezolanos pasen, y aunque están en su soberano derecho a regular la
inmigración ilegal, también es perentorio
recordar que ellos aquí entraban como
«Pedro por su casa».
Y más allá
de esto, lo que genera más indignación es como en el extranjero está abusando
de nuestras compatriotas; leemos constantemente noticias que en Trinidad y
Tobago secuestran, maltratan, violan y
hasta asesinan a nuestras venezolanas, y más recientemente el mundo se quedó
estupefacto ante la terrible violación que sufrió una venezolana de apenas 18
años de edad en Argentina.
Lo que
provoca más indignación es que los jueces argentinos dejaron libres a esa
bestia que violó a la venezolana y lo vuelven a encarcelar por la presión
interna que se articuló; lo que genera más rabia es que para los tribunales argentinos
nuestra hermana venezolana no tiene derechos, como si no fuera un ser humano.
¡Qué arrech…!
En
conclusión, los venezolanos debemos aprender del cómo nos tratan cuando
emigramos, y debemos reconocer a quienes son realmente solidarios con los
venezolanos y quienes no; por ejemplo, en España, la fraternidad hacia nuestros
hermanos ha sido notoria, sincera y decidida, en cambio, en muchos otros
países, sobre todo de América Latina, la xenofobia ha sido cruel y desalmada.
Debemos
aprender la lección que vida nos está dando; debemos aprender a reconocer donde
están nuestros amigos y donde nuestros enemigos. Nunca podemos olvidar el trato
que desde Trinidad y Tobago le han propinado a nuestros hermanos, jamás podemos
permitir un «borrón y cuenta nueva» con respecto a Guyana y su deseo desmedido
de robarnos el Esequibo.
Tal vez mis
palabras suenen agrias, tal vez incomoden a espíritus cándidos que no
comprenden la dimensión de nuestra tragedia; sin embargo permítanme recordarles
un pasaje de la Biblia, uno de los 10 mandamientos que dice: «Ama a tu prójimo
como a ti mismo», es decir, Dios mismo nos manda a amar a otros como «a
nosotros mismos» no «sobre nosotros mismos». Tenemos que querernos primero
nosotros como pueblo, como nación, para así querer a los demás.
No se trata
de poner «la otra mejilla», pues ya las hemos puesto todas.
¡Para mí el
guarapo dulce, el café amargo y el chocolate espeso!
lunes, 14 de diciembre de 2020
Naufragamos
Por José Dionisio Solórzano
Cogito ergo sum-. Venezuela quedó completamente ensimismada ante la
noticia del nuevo naufragio de venezolanos a escasas millas náuticas de Güiria;
el país quedó conmocionado ante las espantosas imágenes de los ahogados.
Y al ver esas fotos solo puedo
pensar que la nación entera naufragó. Sí, desde hace mucho tiempo perdimos el
norte, la brújula y el timón, naufragamos como Estado, como República y como
nación.
Venezuela naufragó, lo hizo desde
el punto de vista económico, pues la inflación, la devaluación, la poca
producción, la destrucción de la iniciativa privada, la dolarización de hecho
mas no de derecho, todo son realidades del caos en el cual estamos sumergidos.
Naufragamos desde la óptica
política, somos un país sin institucionalidad, sin orientación clara. Un país
anarquizado, sin dirección política; estamos divididos entre dos tendencias que
están plenamente divorciadas entre sí y cada una halando hacia su propio lado.
Tenemos dos presidentes, dos
parlamentos, dos tribunales supremos, y hasta dos entes electorales. Esta
dualidad, esta fragmentación de la institucionalidad es solo explicable cuando
reconocemos que nos extraviamos como país.
Y, el más terrible de todos los
naufragios es el social. Somos una sociedad empobrecida, enflaquecida, sin
educación, sin una guía moral definida; estamos en el foso más profundo.
Perdimos el horizonte por completo.
Somos un país donde el Pran de la
cárcel es más poderoso y más respetado que el doctor del hospital y el maestro
de la escuela. Somos un país donde quienes velan por la salud y la educación de
la sociedad están subpagados y maltratados.
Aquí el militar manda y el civil
obedece. Aquí el inculto tiene poder y el profesional termina manejando un taxi
o bachaqueando con lo que sea. Perdimos el sentido de lo lógico, de lo correcto,
de lo ético.
Naufragamos el mismo día que el
finado dijo "quien roba pan por hambre, no es un ladrón"; cuando
exclamó frente a las pantallas de la televisión "exprópiese". Allí
empezamos a perderlo todo, a perder el país y a naufragar por completo, ese fue
el momento en que tomamos la ruta equivocada.
Hoy nos espantamos al ver los
cadáveres flotando de unos compatriotas que desesperados salieron del país; hoy
nos lamentamos por sus muertes y por el dolor con los que dejan a sus
familiares, sin embargo las causas que ocasionaron la tragedia siguen allí
intactas, conservadas por la incapacidad de todos de lograr un cambio real en
Venezuela.
Estamos flotando en medio de una
crisis, los venezolanos somos naufragamos que nos sostenemos abrazados a
pedazos de madera, y salvavidas mal hechos; somos naufragamos que intentamos
nadar hacia una orilla, y cuando pensamos que estamos cerca, el oleaje nos
lleva otra vez a las aguas profundas de la anarquía nacional.
Es hora que enseriemos la cosa.
La dirigencia nacional debe ir más allá, no podemos limitarnos a logros
tácticos sin estrategia pensada. Ya basta de acciones que parecen avances, pero
terminan en nada. Es momento de crear soluciones y hacer que éstas se
materialicen en bien de los venezolanos.
El país no aguanta más, nos urge
hacer algo o terminaremos todos como los "balseros de Güiria".
¡Para mí el guarapo dulce, el
café amargo y el chocolate espeso!
lunes, 30 de noviembre de 2020
Trinidad es el enemigo
Por José Dionisio Solórzano
Cogito ergo sum-. La Biblia dice «pon la otra mejilla», sin embargo
ya hemos puesto las dos mejillas, el rostro y parte del cuerpo y desde Trinidad
y Tobago siguen propinando «golpes» contra los venezolanos; además, la Biblia
también dice aquello de «ama a tu prójimo como a ti mismo», es decir, el amor
al otro no puede significar el dolor hacia nosotros, pues el amor propio va
primero, recuerden eso de «a ti mismo».
¡Ya basta! Los venezolanos no
podemos permitir que desde el Gobierno de Trinidad y Tobago sigan maltratando,
violando, asesinando y ultrajando los derechos de los venezolanos que emigran
hacia aquella isla del caribe.
Es entendible que cada gobierno
defienda su país – esto lo hacen todos, salvo el venezolano – sin embargo es
inaudito que el señor (si es posible decirle así) Keith Rowley califique de
«invasión» o «armas letales» a los venezolanos que arriban a su país en busca
de un mañana mejor.
Las agresiones sistemáticas que
el gobierno trinitario ha ejecutado contra los venezolanos, su actitud cómplice
alrededor de la tratas de blancas, y su violaciones de los Derechos Humanos de
connacionales, debe ser vista – por cada uno de nosotros – como un ataque
directo contra la venezolanidad, es decir, una amenaza cierta hacia cada uno de
los venezolanos.
Rowley al deportar niños, al
abarrotar de nuestra gente sus inmundas cárceles, está ofendiendo a todos los
venezolanos, pues su actuación es xenofóbica, es decir, nos odia a cada uno de
nosotros por la simple razón de ser venezolanos.
Frente a este peligro, ubicado a
pocas millas de las costas venezolanas, el Gobierno en ejercicio en Miraflores
debería alzar su voz y ponerle un coto definitivo a las acciones sádicas de los
trinitarios.
Sin embargo, como siempre pasa,
Miraflores no defiende a Venezuela sino a sus propios intereses, y en vez de
poner en su sitio a Trinidad Y Tobago, actúan pusilánimemente, con la timidez
fruto de los negocios que desde el poder se plantea alrededor al suministro de
gas entre la isla de los agresores y el gobierno nacional.
Aquellos que se hacen llamar
«venezolanos» y hasta se pavonean auto-titulándose «patriotas» no hacen nada
mientras los trinitarios hacen y deshacen con la dignidad de los venezolanos.
¡Ya basta!
El peligro que supone la actitud
del gobierno de Trinidad debería ser una oportunidad para que Nicolás Maduro,
Juan Guaidó, Luis Parra, José Brito, Leocenis García, Henry Falcón, Eduardo
Fernández, y todos los sectores políticos de Venezuela se unan en una cruzada
por la defensa de la dignidad de Venezuela.
Incluso, nuestras Fuerzas Armadas
deberían exigir una actitud más beligerante por parte del Gobierno en defensa de
los venezolanos, pues la patria no solo son sus fronteras y sus instituciones,
sino que es su gente y un ataque contra los venezolanos (como lo han
protagonizado los trinitarios) es un ataque contra toda la nación.
Aquí todos debemos tener clara
una cosa: Trinidad es nuestro enemigo.
Y si a los trinitarios se les
olvida todas las cosas buenas de Venezuela y de los venezolanos, como por
ejemplo cuando sus mujeres eran recibidas (luego de pasar en botes de Trinidad
a Venezuela) en los hospitales de Cumaná y Barcelona para ayudarlas a parir, si
se les olvida todo el petróleo, carbón y gas que han recibido de nosotros;
entonces, tal vez, deberíamos mostrar que también los venezolanos podemos
actuar por las malas, a ver si así no se les olvida que cuando esta nación se
calienta las sabanas se queman, el mar se pica y las montañas se estremecen.
¡Para mí el guarapo dulce, el
café amargo y el chocolate espeso!